Expresiones

De Fotógrafo a Diplomático

Por Dr. Edwin Cuevas Rodríguez

Diplomático de Carrera, Profesor y ex – Reportero Gráfico con orgullo

Superación, sacrificio, esfuerzo, mística y humildad, son las características fijas en lo que la juventud debe tomar como base al momento de poder perseverar en alcanzar sus sueños…

La fotografía y la diplomacia son dos disciplinas que, a simple vista, pueden parecer muy diferentes. En esta narración comparto la historia de un hombre, procedente de estratos humildes, que logró combinar ambas pasiones en una vida llena de sacrificios.

El trabajar la fotografía es una forma de arte que permite capturar momentos únicos y transmitir emociones a través de una imagen. Por otro lado, la diplomacia es la ciencia que se encarga de establecer relaciones entre diferentes países y solucionar conflictos internacionales. Aunque parecen mundos aparte, ambos campos tienen en común la importancia de la comunicación, el entendimiento y la empatía.

De familia chiricana y herrerana, oriundo de la ciudad capital, este joven con disciplina y empeño ha logrado   metas tanto en la fotografía como en la diplomacia. Comenzó su carrera en la fotografía como muchos otros artistas, en su caso inducido por su padre y padrino, con una cámara en la mano y muchas ganas de aprender, desde sus primeras fotos, se pudo apreciar su talento y su estilo único, que combinaba la técnica clásica con la experimentación y la creatividad moderna, aunado a la necesidad.

Con el tiempo, nuestro protagonista se convirtió en uno de los fotógrafos más reconocidos de su generación del mundo del reportaje gráfico. Sus trabajos eran admirados por su belleza, su profundidad y realismo, y publicados en los medios en los cuales laboraba como freelance. Sin embargo, a pesar de su éxito, nuestro protagonista sentía que algo le faltaba en su vida.

Sus comienzos en la vida periodística gráfica iniciaron de la mano de su padre, Edwin Cuevas funcionario de la entonces Guardia Nacional y luego de Prensa de la Presidencia de la República, y como vecino del Palacio de las Garzas en aquel tiempo, después de salir de la escuela pasaba a la oficina de su padre donde aprendía de producción, coberturas, imágenes, revelados fotográficos, lo que lo llevó al oficio de reportero gráfico.

Entre las mucha anécdotas y vivencias de ese tiempo de niñez recuerda que a los hijos de los funcionarios del Ministerio de la Presidencia, se les permitía observar los desfiles patrios  desde los balcones del Palacio de Las Garzas, y en una ocasión en medio del corrinchee infantil una vajilla quedó  hecha trizas en el salón Los Tamarindos, comedor presidencial. De allí la escapada  al salón Amarillo, reservado para actos protocolares, donde  cada niño se sentó en una silla,  de inmediato el llamado de atención de un oficial de la cocina que  mandó  levantar a todo especialmente a él  que se había ubicado en la silla del escudo, la del presidente; cuando de pronto  aún más sorprendidos, escucharon la voz de un hombre alto, vestido de blanco con charretera amarilla, ordenando no molestar a los niños, porque las sillas les pertenecían a ellos… ese hombre era el General Omar Torrijos Herrera.

Entre las personas que le guiaron e inspiraron se siente agradecido a su padre, quien, junto a su madre y abuelos, implícitamente le adiestraron en los avatares de la vida y la cosa pública con ese sentido real de valores, respeto y responsabilidad que se aprenden en casa.  Para la gente que viene del campo la palabra dicha pesa más que cualquier cosa, vivimos tiempos complicados pero la honestidad y reciprocidad con la tierra que te vio nacer, el país te da y uno debe brindarle al Panamá el cuidado y regresar lo aprendido. El concepto de convivir y mostrar lo mejor de uno sin perder la esencia de la parte humana que hemos olvidado como sociedad. Se deben buscar esas transformaciones precisas que ayudan primero a enfocarnos que la competencia es con uno mismo, siempre hay oportunidades solo que debemos saber identificarlas.

En aquellos tiempos entrar a trabajar al gobierno a pesar de conocer mucha gente, no era del todo fácil, comenzó trabajando con su padre y su padrino José Casis padre (Q.E.D.P.), como camarógrafo y fotógrafo, haciendo trabajos de todo tipo audiovisual. Luego laboró en medios de comunicación televisivos, prensa y revistas. La profesión de periodismo gráfico le dejó conocimientos, experiencias y viajes alrededor del mundo, resultó un puente para alcanzar próximas metas.

Entonces este joven pionero fotógrafo, decidió dar un giro radical a su carrera y dedicarse a la diplomacia. Aunque esto significaba dejar atrás su pasión por la fotografía, estaba convencido de que podía hacer una diferencia en el mundo a través de la política internacional.

Los sacrificios que tuvo que hacer para lograr su objetivo fueron muchos: largas horas de estudio, reuniones interminables y momentos de soledad y pidiendo permiso y disculpa a la familia por el tiempo tomado. Sin embargo, nunca perdió de vista su meta y luchó con todas sus fuerzas para alcanzarla.

Después de haberse graduado en México de técnico en audiovisuales, cine y televisión, decidió estudiar negocios Internacionales con énfasis en temas marítimos y negociación, lo que le abrió un abanico de oportunidades laborales, entre estas la Cancillería donde inició como fotógrafo, así retornó al engranaje gubernamental. De gira en gira, en una misión oficial a la Casa Blanca, Salón Oval, recibió un gran consejo que le hizo tomar la determinación de prepararse académica y profesionalmente para concursar a una posición en la Carrera Diplomática y Consular de Panamá, no era algo fácil, pero tampoco imposible, enfrentó muchos desafíos, desde observar crisis internacionales hasta participar en negociaciones complicadas, siempre alerta y preparado para cualquier eventualidad.

Gracias a la experiencia en la fotografía, que le desarrolló una habilidad especial para leer las emociones y los gestos de las personas, contribuyó a resolver situaciones difíciles de manera efectiva. Su capacidad para comunicarse con diferentes culturas y entender sus necesidades fue clave para avanzar en la diplomacia. En ese trayecto de fotógrafo a diplomático aprendió que la suerte de otro no es la suerte propia, que los logros se gozan más cuando se comparten con la familia, con los amigos y con los compañeros, que nadie llega a la cima por sí solo, y lo correcto siempre impera sobre lo incorrecto, que no se debe tolerar la deslealtad y él juega vivo.

Los consejos del abuelo Carlos oriundo de Potuga, provincia de Herrera, con la sabiduría que otorgan los años con sus mensajes, “si no eres artista o deportista, como vas a alcanzar tus metas, recuerda que un lápiz pesa menos que una pala, así que tu única opción que me quedaba era estudiar…”; tanto como de otras personalidades nacionales e internacionales le han impulsado a alcanzar sus metas.  Hoy se desempeña como Comisionado Presidencial Adjunto de Proyecto Mesoamérica, donde junto a un equipo de profesionales en la diplomacia trabaja por el bienestar de las naciones de la región.  Esta experiencia le convence de que el impacto ante una evolutiva sociedad se puede ver en la forma en que las personas se relacionan entre sí y en cómo los países se comunican y resuelven sus diferencias.

Hasta aquí, he compartido esta experiencia en tercera persona, ahora con toda humildad permítanme esta reflexión, sin duda alguna, dar ejemplo de cómo podemos lograr grandes cosas si seguimos nuestros sueños y estamos dispuestos a hacer sacrificios para alcanzarlos constituye nuestro grano de arena, para mis hijas y demás que nos ven como maestros o líderes. Agradezco la bendición de ser padre de familia, los reconocimientos recibidos, sobre todo la oportunidad de transmitir a las nuevas generaciones que, con ejemplo de vida, el esfuerzo y sacrificio, tiene sus compensaciones y alegrías.  En resumen, la vida nos enseña que no hay límites para lo que podemos lograr si seguimos nuestras pasiones y trabajamos duro para alcanzar nuestros objetivos. Aunque el camino puede ser difícil y lleno de sacrificios, al final del día, el resultado vale la pena.

La fotografía y la diplomacia son dos campos que pueden parecer muy diferentes, pero que comparten valores fundamentales como la comunicación, el entendimiento y la empatía. Si logramos combinar estas dos disciplinas, podemos hacer una gran diferencia en el mundo y dejar un legado duradero para las generaciones futuras.