La gran estafa de los conductores de una plataforma de transporte, si no cierra el viaje se le puede subir la presión
Edmundo Dante Dolphy / La Verdad Panamá
Las plataformas de transporte se han convertido en una excelente alternativa para los usuarios que demandan este servicio, independientemente de que posean o no un vehículo, frente a un sistema de taxi que languidece y un transporte masivo de pasajeros cada día en peores condiciones.
Sin embargo, algunas plataformas esconden turbias prácticas que atentan contra la economía del usuario y, que, por extensión, le asestan un terrible golpe a la imagen de la empresa.
Veamos lo que sucede a diario con Uber, la número uno por excelencia en el mundo pero que en Panamá se le hace un daño importante con lo que podríamos considerar una estafa a sus clientes que lo prefieren por las características de seguridad y calidad en el servicio que ofrecen.
Cuando usted ingrese a la plataforma a solicitar un transporte para trasladarse a su destino, verifique tan pronto se baje del auto, que le cierren el viaje; de lo contrario, aténgase a una sorpresa nada agradable en su tarjeta de crédito.
Una usuaria reveló a La Verdad Panamá que en una ocasión reciente, tres extranjeros solicitaron un Uber para trasladarse hacia al Aeropuerto Internacional de Tocumen, luego de disfrutar de unos días de vacaciones. Llega el auto y una de las personas se identifica, como lo establece la norma, le dicta el número de pin e inician el viaje al aeropuerto. Cuando llegan los usuarios le dan gracias, se bajan del transporte y se les olvida pedirle al conductor que les cierre el viaje. Una omisión que aprovechó el denominado “socio” de Uber para facturarle una cantidad exorbitante de dinero aplicada a su tarjeta de crédito, pues no cerró el viaje y continuó como si se mantuvieran a bordo del vehículo por un largo periodo de tiempo.
En otro caso, que deja al descubierto la ausencia de honestidad y consideración, dos adultas mayores le piden a una de sus hijas un transporte para dirigirse a una cena. La tarifa era de tres dólares con 89 centavos; relativamente económico tomando en consideración la distancia. Pasa el tiempo, la hija que hizo el contacto observa en la plataforma que aún no llegan a su destino. Preocupada llama a la mamá y le pregunta: “¿porqué no han llegado?” La madre le responde que «hace rato estamos en la cena». El conductor mantuvo el viaje abierto y les facturó 19 dólares con 25 centavos. Afortunadamente se puso la queja, reconocieron la conducta impropia y finalmente le dieron un crédito para futuros viajes. Pero, no fue nada fácil.
Algunos son tan cínicos que buscan crear empatía con el usuario, conversando toda la distancia, lo que lo distrae y se le olvida el cierre del viaje.
“Hemos recibido decenas de correos de la empresa por esas quejas constantes de los usuarios y nos exhortan a que practiquemos conductas éticas, de respeto y transparencia”, dijo a La Verdad Panamá, Ramiro, conductor de Uber quien también reveló otra “jugada” de ciertos conductores que no tiene otro nombre que el de una estafa.
El juega vivo consiste en lo siguiente. El conductor debe esperar seis minutos en el punto de encuentro; si no aparece se le cobra un recargo de 1.50 por el tiempo que le tomó llegar. Resulta que algunos conductores “ponen iniciar viaje y parten en la trampa como si hubiesen llevado al pasajero y cobran la carrera”. ¡Terrible!
Ya lo sabe muy bien… exíjale al conductor que le cierre el viaje una vez usted llegue a su destino, no permita que su tarjeta de crédito sufra y que usted al final quede lamentándose.


