Judiciales

Crimen y engaño en Panamá: el país se desangra mientras el terror se organiza con rostro de mujer

Javier Collins Agnew / La Verdad Panamá

Panamá vive días oscuros marcados por el horror y la impunidad.

La violencia sigue cobrando víctimas inocentes, y el hallazgo del cuerpo sin vida, presuntamente perteneciente al joven José Enrique García Guzmán, desaparecido desde el 8 de mayo, vuelve a encender las alarmas sobre el nivel de crueldad y organización de los grupos criminales que operan con absoluta frialdad en el país.

De acuerdo con las investigaciones del Ministerio Público, una banda delincuencial, liderada por una mujer apodada “Bebesona”, operaba bajo un patrón macabro: usaban el engaño y la seducción para atraer a sus víctimas y la llevaba a una “casa de ocasión” en la vía Transístmica, en el distrito de San Miguelito.

Una vez allí, eran abordadas por otros miembros del grupo, y tanto la persona como su vehículo eran trasladados hasta Pacora, donde finalmente se perdía todo rastro.

La desaparición de García Guzmán ocurrió luego de culminar su jornada como repartidor de productos cárnicos en Villa Grecia, en Panamá Norte.

Fue el inicio de una búsqueda desesperada que culminó con un hallazgo desgarrador: un cuerpo sin vida en Cerro Azul, aún por confirmar científicamente su identidad, pero que se presume corresponde al joven trabajador.

Gracias a diligencias en el sector El Trébol de Pacora, en el marco de la operación “Freedom”, la Policía Nacional logró la aprehensión del grupo delictivo.

Se decomisaron armas de fuego, dinero en efectivo, celulares y otros indicios claves para esclarecer los hechos. Un juez de garantías impuso detención provisional a cuatro implicados.

La Unidad Especializada de Personas Desaparecidas del Ministerio Público confirmó la recuperación del cadáver el domingo 25 de mayo, cerrando así un capítulo doloroso que refleja una realidad brutal: en Panamá, salir a trabajar puede costarte la vida.

Mientras las autoridades intentan desarticular estas redes de crimen, la ciudadanía clama por acciones firmes. No se puede normalizar la barbarie.

Urge recuperar el control del país, donde ahora los delincuentes planifican asesinatos con frialdad y, peor aún, con la complicidad del silencio y el miedo.