Expresiones

¡Basta de despilfarro! El subsidio electoral es un insulto a los ciudadanos

Javier Collins Agnew

Periodista

Durante 25 años, los partidos políticos en Panamá han recibido más de 230 millones de balboas en subsidios electorales, bajo el pretexto de fortalecer la democracia y educar políticamente al país.

Pero la realidad es otra: esa cifra escandalosa ha alimentado clientelismo, manipulación interna y despilfarro, en lugar de robustecer nuestras instituciones, por lo que es hora de ponerle fin a este sistema perverso que convierte los fondos públicos en botines partidarios.

De democracia, nada

El financiamiento público a los partidos nació con un objetivo legítimo: garantizar igualdad de condiciones para competir, fomentar la educación cívica y evitar que intereses económicos secuestren la política, pero los propios hechos demuestran que ese noble fin fue prostituido sin pudor.

Los partidos han convertido el subsidio electoral en una chequera sin control ya que detrás de “capacitaciones” financiadas por el Estado, lo que se esconden son giras proselitistas, almuerzos de camaradería, congresillos arreglados y “eventos internos” para reforzar la dictadura de sus cúpulas.

¿Dónde están los resultados en formación política? ¿Dónde están los cuadros jóvenes formados? ¿Dónde está la democracia interna?

Lo que sí está a la vista es un sistema de partidos desprestigiados, cerrado y controlado por los mismos de siempre, que utilizan fondos públicos para blindar sus estructuras, silenciar a sus críticos y mantener una fachada democrática mientras saquean los recursos del pueblo.

Tribunal Electoral y Contraloría: ¿cómplices por omisión?

El Tribunal Electoral distribuye estos fondos, pero no fiscaliza con seriedad su uso. Las auditorías son superficiales, y muchas veces, meros trámites burocráticos que no detectan ni sancionan los abusos.

Peor aún: la Contraloría General de la República ni siquiera interviene, a pesar de que hablamos de dinero del erario nacional. ¿Por qué no hay control previo ni posterior? ¿A qué juegan estas instituciones?

Cada balboa malgastado es un agravio directo a los ciudadanos que trabajan duro, pagan impuestos y sufren deficiencias en salud, educación, transporte y seguridad.

Es inmoral que los partidos políticos que viven predicando sacrificio y austeridad se banqueteen con dinero público mientras el pueblo hace fila para medicamentos o para inscribir a sus hijos en una escuela pública en ruinas.

La propuesta: eliminar, fiscalizar o reducir drásticamente

La propuesta presentada por el abogado Moisés Bartlett ante la Comisión Nacional de Reformas Electorales es clara y necesaria: auditoría profunda e independiente a todos los subsidios entregados, con participación directa de la Contraloría.

De confirmarse las irregularidades y ya muchas son evidentes debe eliminarse el subsidio de forma inmediata.

Si los partidos quieren existir y competir, que vivan de las cuotas de sus miembros, como ocurre en democracias maduras. Que hagan rifas, colectas o reciban aportes voluntarios, pero que no sigan sangrando al Estado bajo la excusa de la “participación política”.

Seguir financiando a los partidos bajo el esquema actual es mantener una farsa costosa. Es premiar la mediocridad, la corrupción y el clientelismo. Es seguir cultivando una clase política parasitaria que no responde a los ciudadanos, sino a su propia supervivencia.

La reforma electoral no puede limitarse a ajustes cosméticos. El subsidio electoral debe ser el primer sacrificio en nombre de la democracia real. De lo contrario, seguiremos financiando nuestra propia decadencia.