Crimen organizado penetra todas las capas de la sociedad panameña
Javier Collins Agnew / La Verdad Panamá
El investigador social Gilberto Toro reveló que Panamá ha dejado que el crimen organizado se vuelva más ordenado que el propio Estado, un diagnóstico incómodo y directo, brindado al programa, «Protagonistas de la Verdad».
Toro arrancó advirtiendo que hacía “un paréntesis” en su enfoque habitual de prevención, pero la realidad que describió lo obligaba a hablar claro. Su reflexión empezó con una paradoja: si la droga es basura, ¿por qué los mismos discursos oficiales y mediáticos le ponen precio, peso y valor de mercado?.
Esa contradicción termina construyendo un mensaje devastador para las nuevas generaciones: lo que se supone que destruye vidas, también mueve “miles, millones y hasta trillones de dólares”.
Una empresa global y un Estado fracturado
Para Toro, el crimen organizado opera como “una corporación transnacional”, con productores, exportadores, consumidores, logística, puertos y capital. Y la sociedad panameña, golpeada por la informalidad y la pobreza creciente, ha visto surgir un fenómeno silencioso: familias que ven en el delito un “emprendimiento” capaz de pagar luz, alquiler, carro y vacaciones, sin depender de políticos, listas de favores o salarios de miseria.
“Un joven bilingüe entra al mercado laboral con 500 dólares”, denunció. “Mientras tanto, el mercado delictivo ofrece ingresos inmediatos, sin humillaciones y sin el juego político. ¿Qué crees que va a escoger alguien que solo quiere sobrevivir?”

Toro pidió imaginar dos organigramas:
El del crimen organizado, completo, funcional, con roles definidos desde la cúpula hasta el “mandado por WhatsApp”.
El del Estado, “un desastre”: prevención inexistente, intervención tardía, leyes sin aplicar, centros penitenciarios desordenados y políticas criminológicas archivadas por ego político.
“Ninguna institución puede llamarse organizada. Ni educación, ni salud, ni deportes. ¿Cómo competir contra una estructura criminal que sí funciona Y qué tiene el apellido de organizado?”, cuestionó.
Toro también apuntó a los actores invisibles: “Cuando hablamos de crimen organizado, los medios ponen encapuchados y cuartos oscuros. Pero no muestran a quienes manejan las finanzas”.
Colón, el espejo del país
El colonense habló con autoridad sobre su provincia: una economía deprimida, puertos estratégicos y una reproducción acelerada de pandillas.
“Colón es el espejo de lo que ocurre en toda la República. La diferencia es que acá es imposible ocultarlo”, afirmó.
Y cuestionó cómo un territorio tan pequeño puede contar con más de 20 agrupaciones delictivas activas: “Como Gremlins: cae una gota y salen cinco más”.
La desigualdad: la raíz que nadie quiere tocar
Para Toro, el problema central es la pésima distribución de la riqueza, una bomba social que Panamá arrastra desde hace décadas.
“Hemos aceptado que aquí hay millones de pobres y unos pocos millonarios. Esa inequidad es el combustible del crimen”, advirtió.
Toro alertó que, si el país continúa ignorando las señales, la población terminará pidiendo un “salvador” de mano dura.
“No soy partidario del modelo Bukele, pero cuando la gente se cruza de brazos, termina rogando que alguien llegue a resolver lo que el Estado abandonó”, dijo.
La política como obstáculo y no solución
El investigador denunció que planes completos como el elaborado por organizaciones de Colón para su desarrollo integral terminaron engavetados porque no llevan las iniciales del Presidente de turno.
Una advertencia final
Toro cerró con un mensaje que dejó el estudio en silencio:
“Quienes trabajamos en la comunidad lidiamos todos los días para que un muchacho no tome la decisión de disparar, robar o afiliarse al crimen. Y mientras la sociedad siga desorganizada, el crimen seguirá con ventaja”.


