Sociólogo José Lasso: “Es un absurdo creer que bajar la imputabilidad a 12 años resolverá la violencia”
Javier Collins Agnew
La Verdad Panamá
La propuesta de reducir a 12 años la edad de imputabilidad penal para menores que cometan delitos, no solo es ineficaz, sino peligrosa, regresiva y socialmente irresponsable.
Así lo advirtió el sociólogo José Lasso, director del Departamento de Sociología de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Panamá, quien cuestionó con dureza la intención de enfrentar la violencia juvenil con más castigo.
Para Lasso, pensar que un niño de 12 años actúa por “decisión propia” es desconocer cómo se forma socialmente una persona.
“No existe una decisión libre en términos sociológicos. Hay una combinación de factores: entorno familiar, presión de adultos, experiencias traumáticas y condiciones sociales que empujan al menor hacia la conducta delictiva”, sostuvo.
En otras palabras: el niño no decide delinquir, es producido por el sistema que lo rodea. No nacen violentos, el sistema los fabrica, explicó.
Lasso destacó que cuando un menor incurre en delitos, incluso los más graves como el homicidio, no se trata de un hecho aislado, sino del resultado de una vida entera expuesta a violencia estructural.
“Muchos de estos chicos nacen y crecen en condiciones de violencia extrema. El entorno social, la familia, la escuela y el barrio fallan en transmitir normas, valores, tradiciones y oportunidades. Lo único que aprenden es la violencia como forma de relación”, afirmó.
El sociólogo indicó que en hogares donde existen ciclos de exclusión social, pobreza, abandono y agresión, el niño se desarrolla reconociendo la violencia como lenguaje cotidiano. “Ese ambiente solo les enseña a odiar al sistema, a la gente y a una sociedad que los ha excluido”, puntualizó.
El niño que crece odiando al mundo
Lasso fue más allá al explicar que desde el punto de vista de la Microsociología, muchos menores cargan traumas, carencias afectivas y frustraciones que luego se transforman en actos violentos.
“Un niño que creció sin posibilidad de desarrollar su potencial termina reproduciendo ese odio mediante la participación en actos delictivos. No es maldad innata, es resentimiento social construido”, explicó.
Cuando el Estado abandona territorios completos, esos espacios son ocupados por la violencia, el narcotráfico y las economías ilegales. “Si no hay escuela funcional, cultura, deporte ni empleo, lo que llega es el crimen organizado”, advirtió.

Más castigo no es más seguridad
Para Lasso, reducir la edad penal es atacar el síntoma y no la enfermedad. “Es un absurdo creer que una ley que aumente penas a menores va a resolver la violencia. No la va a resolver e incluso puede empeorar la situación”, enfatizó.
Según explicó, el endurecimiento penal temprano puede consolidar la carrera criminal del menor en lugar de reinsertarlo. “Se está respondiendo con represión a una falla estructural. Eso no corrige, solo profundiza”, dijo.
El sociólogo sostuvo que cuando el Estado opta por castigar antes que prevenir, lo que hace es oficializar su propio fracaso. “El sistema debería producir condiciones, no cárceles para niños”, remarcó.
La raíz está en la comunidad, no en el Código Penal
Lasso insistió en que la violencia juvenil se combate desde la base social, no desde los tribunales.
“La raíz del problema está en intervenir la comunidad con programas reales: cultura, deporte, música, arte, teatro, formación y empleo. Eso es rescate social, no populismo penal”, sostuvo.
Indicó que los gobiernos locales tienen un rol que hoy prácticamente no cumplen. “Los corregimientos deberían tener planes de desarrollo para recuperar a la juventud. Pero sabemos que en muchas comunidades no pasa nada. No vemos proyectos, no vemos rescate social, no vemos Estado”, cuestionó.
Para el académico, mientras los barrios sigan abandonados, cualquier reforma penal será cosmética.
El Estado que llega tarde y mal
Lasso fue contundente: el problema no son los niños, es el sistema.
“Estos niños no nacen violentos, se hacen violentos en los espacios donde se desarrollan. Eso nos dice que el sistema ha fracasado”, afirmó.
Cuando no hay alternativas reales de integración social, el menor queda atrapado entre la exclusión y el crimen. “Sin educación efectiva, sin oportunidades culturales ni laborales, el joven queda listo para ser captado por estructuras criminales”, explicó.
Por eso, advirtió que bajar la imputabilidad puede terminar generando más violencia, no menos. “Lo único que se logra es producir jóvenes más resentidos, más organizados en el delito y con menos posibilidades de reinserción”, alertó.
Narcotráfico: el verdadero reclutador
Uno de los puntos más delicados que destacó Lasso es el papel del crimen organizado en los barrios.
“Desde pequeños hay que garantizar que el narcotráfico no los capte. Cuando el Estado no llega, llegan ellos. Con dinero, protección, identidad y pertenencia”, explicó.
El sociólogo subrayó que los niños buscan reconocimiento, algo que muchas veces encuentran primero en las pandillas que en las instituciones. “Si no hay alternativas, la criminalidad se convierte en proyecto de vida”, dijo.
Prevención o castigo: ahí está la verdadera decisión
Ante el debate público, Lasso fue claro sobre dónde debe estar el foco estatal.
“El foco debe estar en la prevención, pero entendida como la capacidad del Estado de recuperar y explotar el potencial de nuestros jóvenes en los barrios del país”, sostuvo.
Eso implica inversión social real, no discursos. “Generar condiciones materiales, culturales y educativas para que los jóvenes se inserten en las dinámicas productivas de la sociedad”, señaló.
En su visión, el castigo temprano no forma ciudadanos. “La inclusión sí”, remató.
Bajar la edad es admitir que el país renunció a sus niños
Para cerrar, Lasso dejó una frase que resume el debate:
“Cuando un país decide encarcelar niños en vez de rescatarlos, lo que hace es confesar que fracasó como sistema”.
Y precisamente ese el riesgo que hoy enfrenta Panamá: convertir un problema social en una simple estadística penal, creyendo que más barrotes producirán más seguridad, cuando en realidad solo siembran una violencia más joven, más dura y más permanente.


