Panamá está a merced de un terremoto: cero alerta temprana, fallas geológicas y ciudades construidas sobre terrenos vulnerables
Javier Collins Agnew
La Verdad Panamá
El reciente terremoto que sacudió a Colombia y que fue sentido con fuerza en Panamá volvió a poner sobre la mesa una realidad que, según el cartógrafo Víctor Alfonso Chan Ramos, de la Universidad de Panamá, el país no puede seguir ignorando: Panamá no está preparado para enfrentar un terremoto de mayor magnitud e intensidad.
La advertencia del especialista es contundente. Panamá carece de un sistema de alerta temprana para terremotos y, a su juicio, tampoco cuenta con la inversión, planificación territorial y capacitación necesarias para responder adecuadamente ante un evento sísmico de grandes proporciones.
Chan Ramos sostiene que el riesgo no se limita al movimiento de la tierra. Un terremoto de gran magnitud podría provocar el colapso de infraestructuras, pérdidas humanas y daños materiales de consideración, especialmente en aquellos sectores donde las construcciones se han levantado sin tomar en cuenta las características geológicas y las condiciones del terreno.

“No hay inversión, no hay planificación, no hay capacitación”, es, en esencia, el diagnóstico del cartógrafo sobre las principales debilidades que enfrenta Panamá en materia de prevención sísmica.
Sin alerta temprana, el terremoto puede tomar al país por sorpresa
Una de las mayores vulnerabilidades señaladas por Chan Ramos es precisamente la ausencia de un sistema de alerta temprana que permita advertir a la población segundos antes de la llegada de las ondas sísmicas más destructivas.
La inexistencia de este mecanismo significa que miles de personas podrían ser sorprendidas por un evento de gran magnitud sin contar con información inmediata que les permita medidas de protección.
“Muchas personas están desprevenidas”, advierte Chan, quien considera que ante un terremoto importante, la falta de preparación puede traducirse no solamente en lesiones y muertes, sino también en daños severos a viviendas, edificios, carreteras y otras estructuras.
Pero el problema, según el especialista, comienza mucho antes de que ocurra el terremoto.
Existe un desconocimiento generalizado sobre las características geológicas de los lugares donde viven las personas y sobre el tipo de suelo donde se levantan las edificaciones. Para Chan, esta falta de información representa un factor adicional de vulnerabilidad.
El cartógrafo cuestiona que en Panamá se hayan desarrollado asentamientos en zonas que presentan condiciones potencialmente peligrosas, incluyendo áreas con pendientes superiores a los 45 grados, planicies de inundación y sectores próximos a fallas geológicas.
A su juicio, esta situación demuestra que el riesgo no puede analizarse únicamente desde la perspectiva del fenómeno natural. La manera en que se ocupa y se transforma el territorio también puede convertir un evento sísmico en una tragedia.
Más de 350 fallas y cuatro placas tectónicas bajo el radar
El terremoto registrado en Colombia constituye, para Chan Ramos, una nueva llamada de atención sobre la realidad tectónica de la región.
El movimiento telúrico ocurrió a las 7:34 de la mañana y tuvo como epicentro el sector de San José de Palmar, en el departamento del Chocó. De acuerdo con la información citada por el especialista, el Servicio Geológico Colombiano reportó una magnitud de 7,4 y una profundidad aproximada de 103 kilómetros.
El evento fue sentido no solamente en Colombia, sino también en países vecinos como Venezuela, Ecuador y Panamá, demostrando cómo un fenómeno sísmico de gran magnitud puede trascender fronteras y afectar simultáneamente a varios países.
Chan explica que el occidente colombiano constituye una zona de elevada complejidad tectónica debido a la interacción de diferentes placas y bloques geológicos.
En este contexto aparece el fenómeno de la subducción, proceso mediante el cual una placa tectónica se introduce por debajo de otra. Esta dinámica está relacionada con algunos de los terremotos y tsunamis de mayor intensidad registrados en diferentes partes del planeta.
El especialista recuerda que esta actividad tectónica está particularmente asociada con las zonas que bordean el denominado Cinturón o Anillo de Fuego del Pacífico, una de las regiones sísmicamente más activas del planeta.
Y Panamá tampoco está aislado de esta realidad.
Según Chan Ramos, el territorio panameño está influenciado por la interacción de cuatro placas tectónicas: la Suramericana, la del Caribe, la de Cocos y la de Nazca, además de una compleja red de estructuras geológicas.
El cartógrafo señala que existen más de 350 fallas geológicas distribuidas en la región panameña, algunas de ellas potencialmente activas.
Para el especialista, este escenario debería obligar al país a fortalecer de manera urgente sus políticas de prevención, vigilancia y educación sísmica.
Cinta Costera, Amador y otras zonas de relleno: el suelo también puede multiplicar el riesgo
Pero no todos los lugares reaccionan de la misma manera ante un terremoto.
Chan Ramos llama especialmente la atención sobre las zonas construidas sobre rellenos y terrenos sedimentarios, debido a que las características del suelo pueden influir en la manera en que se transmite y amplifica la energía de un movimiento sísmico.
Entre los sectores que menciona están la Cinta Costera, Amador y otras áreas ganadas al mar o desarrolladas mediante rellenos, donde las condiciones del terreno son diferentes a las existentes en otras zonas de la ciudad.
El problema, explica, está relacionado con la capacidad de cohesión y comportamiento del suelo frente a la energía liberada por un terremoto.
En determinados terrenos, el movimiento puede generar mayores niveles de inestabilidad y amplificación de las ondas sísmicas, aumentando potencialmente los daños sobre las estructuras construidas encima.
Chan Ramos contrapone estas áreas con sectores como Las Cumbres, donde existen composiciones geológicas y características de suelo diferentes.
Esto significa que un mismo terremoto no necesariamente produce los mismos efectos en todos los puntos de la ciudad. La magnitud del movimiento puede ser la misma, pero la respuesta del terreno y de las edificaciones puede variar considerablemente.
El riesgo, por tanto, no depende exclusivamente de qué tan fuerte sea el terremoto. También depende de dónde ocurre, qué tipo de suelo existe, cómo fueron construidas las edificaciones y qué tan preparada está la población para responder.
Edificios antiguos, viviendas vulnerables y una ciudad que no conoce su propio suelo
Otro de los factores que preocupa al especialista es la existencia de edificaciones antiguas que no fueron diseñadas bajo los criterios modernos de resistencia sísmica.
Chan advierte que en Panamá existen infraestructuras con más de 200, 300 e incluso 350 años de antigüedad que podrían presentar una vulnerabilidad considerable ante un evento de gran intensidad.
El problema es que muchas de estas estructuras fueron construidas en épocas en las que los criterios actuales de ingeniería sísmica simplemente no existían.
El especialista sostiene que existen construcciones que no incorporan desde su origen sistemas estructurales diseñados para resistir adecuadamente este tipo de fenómenos.
Y ahí aparece una pregunta que Panamá no puede seguir postergando: ¿cuántas de las edificaciones que albergan actualmente a miles de personas han sido evaluadas realmente desde el punto de vista de su vulnerabilidad sísmica?
La prevención no puede comenzar después del terremoto
Para Chan Ramos, el problema fundamental es que Panamá continúa reaccionando frente a los fenómenos naturales en lugar de anticiparse a ellos.
La prevención sísmica requiere inversión en sistemas de monitoreo y alerta, capacitación de la población, actualización de mapas de riesgo, estudios de suelo, ordenamiento territorial y evaluación de las infraestructuras existentes.
También requiere que las decisiones sobre dónde construir una vivienda, una escuela, un hospital, un edificio público o una infraestructura estratégica estén respaldadas por información científica sobre las condiciones del terreno.


