Compro más comida o pago el tratamiento: El costo de enfermarse y lo que termina pagando el paciente
Mileyka Valdespino / La Verdad Panamá
Cuando Marta Cáceres no consigue uno de los medicamentos que necesita para controlar su diabetes, no puede simplemente esperar a que vuelva a estar disponible. Tiene que buscarlo afuera y pagarlo de su bolsillo. A eso se suman las tiras para medir la glucosa, algunos exámenes y parte de la atención médica que prefiere resolver de manera privada.
Aunque está asegurada, su enfermedad sigue ocupando un espacio permanente dentro de su presupuesto, porque la diabetes no se atiende una sola vez: necesita seguimiento, medicamentos, controles y una vigilancia constante.
Su caso deja al descubierto una parte menos visible de la atención pública. El gasto no siempre empieza dentro de un hospital o una clínica, sino cuando el paciente sale de allí sin haber podido resolver por completo lo que necesitaba. Puede ser un medicamento que no encontró, una cita que tardará demasiado o un examen que decide hacerse por fuera. Es en ese momento cuando la enfermedad empieza a sentirse también en el bolsillo.
Cuando el medicamento no está
Las cifras oficiales muestran que el sistema público ha mejorado sus niveles generales de abastecimiento. En septiembre de 2025, el Ministerio de Salud informó que su Almacén Central de Medicamentos mantenía un abastecimiento cercano al 90%, mientras que la Caja de Seguro Social reportó en julio de 2026 una disponibilidad nacional de medicamentos del 93%, distribuida a través de 75 farmacias y tres centros de almacenamiento. La institución también puso en funcionamiento Mi Farma Digital, una herramienta que permite a los asegurados consultar dónde está disponible un medicamento antes de acudir a una instalación.
Sin embargo, un porcentaje alto de abastecimiento no significa que todos los medicamentos estén disponibles siempre ni en todas las instalaciones. A inicios de 2026, el Ministerio de Salud informó que una comisión creada para evaluar el desabastecimiento crítico había validado una compra coordinada de 300 medicamentos para el Minsa, la CSS y hospitales nacionales. Entre los productos incluidos estaban tratamientos utilizados para diabetes, hipertensión y colesterol, además de medicamentos especializados.
Esa diferencia entre el nivel general de abastecimiento y lo que una persona encuentra cuando llega a una farmacia es precisamente la que afecta a pacientes como Marta. Para ella, el problema no está en saber qué porcentaje de medicamentos tiene disponible el sistema, sino en lo que ocurre cuando justo el que necesita no está y debe comprarlo para continuar con su tratamiento.
La compra coordinada de 300 moléculas incluye tratamientos para diabetes, hipertensión y colesterol, además de medicamentos especializados. La medida responde a un problema reconocido por las propias autoridades: un nivel general de abastecimiento alto no evita que una persona llegue a la farmacia y encuentre ausente el fármaco que necesita. Su resultado dependerá de que esa compra se traduzca en disponibilidad real en cada instalación.
El dato del abastecimiento es importante, pero no debe leerse como una solución definitiva. Son cifras que reflejan avances logísticos; al mismo tiempo, ayudan a explicar por qué la discusión sigue abierta cuando los faltantes recaen sobre medicamentos específicos o insumos de uso diario.
Diabetes: un gasto que se repite
La situación adquiere mayor peso cuando se trata de una enfermedad crónica. El Ministerio de Salud ha estimado que alrededor del 15% de las personas mayores de 15 años en Panamá vive con diabetes, una condición que requiere seguimiento permanente y que puede provocar complicaciones importantes cuando no se mantiene bajo control.
En el caso de Marta, los gastos no terminan con los medicamentos. Las tiras reactivas para el glucómetro forman parte de su rutina y son necesarias para saber cómo están sus niveles de azúcar. Comprarlas constantemente representa otro gasto que debe asumir. A eso se agregan consultas, exámenes y otros servicios que suele buscar fuera del sistema público cuando necesita resolverlos con mayor rapidez.
El Gobierno ha impulsado programas para mejorar la atención de estos pacientes
Durante 2026, el Minsa y la CSS reforzaron la implementación de estrategias dirigidas al control de enfermedades crónicas, entre ellas la diabetes, y ampliaron la atención en distintas instalaciones del país. Sin embargo, para pacientes como Marta el manejo de la enfermedad ocurre todos los días, no únicamente cuando tienen una cita médica.
Cada medicamento que debe comprar y cada insumo que no consigue dentro del sistema se convierte en otro gasto dentro de su presupuesto.
Vivir en el interior también cambia la atención
Para Keren Mosquera, los costos aparecen de otra manera. Como asegurada, conoce tanto la atención en el interior del país como la de la ciudad de Panamá y asegura que una de las principales dificultades surge cuando necesita especialistas o determinados exámenes.
“Yo que vengo del interior, no hay doctores especializados. Hay que venir hasta la ciudad de Panamá y eso incurre en gastos”, cuenta. Para una persona que vive fuera de la capital, una cita médica no significa únicamente llegar a un consultorio. Hay que pagar transporte, alimentación y asumir el tiempo que implica el traslado. Si el paciente debe regresar por resultados, exámenes o una segunda consulta, esos gastos vuelven a repetirse.
Mosquera también asegura que ha enfrentado dificultades para realizarse laboratorios por falta de insumos y que los tiempos de espera para determinadas especialidades la han llevado a buscar atención privada. “He tenido que recurrir al sistema privado, puesto que el sistema público es lento y burocrático para recibir atenciones médicas especializadas”, afirma.
La consecuencia económica, según relata, puede llegar a ser fuerte. “He tenido que decidir si puedo comprar más comida o recorto la comida para poder pagar el examen o la atención médica”. Su experiencia muestra que el costo de enfermarse no siempre se limita al precio de una consulta, sino que puede obligar a reorganizar por completo el presupuesto del hogar.
Medicamentos más baratos para aliviar el bolsillo
La compra de medicamentos fuera del sistema tampoco ha pasado inadvertida para las autoridades. El Ministerio de Salud mantiene el Programa de Medicamentos a Precios Bajos, que para inicios de 2026 reportó 140 medicamentos con descuentos de hasta 96%, disponibles en 110 farmacias del Minsa a nivel nacional. Entre ellos hay productos utilizados para diabetes, hipertensión y otros padecimientos crónicos.
La medida representa un alivio concreto para quien debe comprar un tratamiento de manera recurrente, aunque no sustituye la necesidad de que el medicamento esté disponible en la instalación pública donde recibe atención. En paralelo, la Ley 419 de 2024 contempla un Plan Nacional de Garantía de Abastecimiento de Medicamentos y un sistema de negociación de precios, mecanismos que apuntan a mejorar la compra y distribución de medicamentos a largo plazo.
Estas medidas buscan aliviar parte del gasto, pero también evidencian que muchos pacientes terminan necesitando comprar medicamentos fuera de la instalación donde reciben atención. Para una persona que utiliza un fármaco de manera ocasional puede ser una compra puntual, pero para alguien con una enfermedad crónica puede convertirse en un gasto que se repite durante meses o incluso años.
Para Marta, los programas y las compras adquieren sentido solo si llegan a tiempo.
Una caja de medicamento a precio bajo puede aliviar el gasto mensual, pero una falta puntual obliga a pagar el precio comercial o a postergar el tratamiento. Esa es la brecha entre una política de abastecimiento y la experiencia cotidiana de una persona que no puede dejar de medicarse.
Pagar por tener otra opción
Las dificultades que algunos usuarios aseguran haber experimentado dentro del sistema público también influyen en otra decisión: contratar una póliza privada. Tony Adames, corredor de seguros, asegura que entre sus clientes ha observado interés de personas jóvenes y familias que buscan tener una alternativa adicional cuando necesitan atención médica.
“Muchas personas buscan esta alternativa privada por muchas razones”, explica. Entre ellas menciona los tiempos de respuesta, el acceso a médicos especialistas, clínicas privadas y servicios de urgencia. Según su experiencia, las experiencias de familiares, conocidos y otros pacientes también influyen cuando una persona decide destinar parte de sus ingresos a un seguro.
Adames reconoce, sin embargo, que una póliza privada representa un gasto importante. “Las pólizas de salud son una herramienta costosa”, sostiene. Explica que hay familias que modifican su presupuesto para poder mantener una cobertura y otras que, al no poder asegurar a todos sus integrantes, deciden priorizar a sus hijos, reflejando que algunas personas están dispuestas a pagar una segunda cobertura para sentirse más tranquilas y contar con otra puerta a la cual acudir cuando necesitan atención.
El costo de enfermarse, entonces, no puede medirse únicamente por lo que una persona paga al entrar en un hospital. También está en la farmacia que visita después, en el laboratorio privado, en el transporte hacia otra provincia, en la consulta que decide pagar para no seguir esperando y en el dinero que debe quitar de otra necesidad del hogar.
Una enfermedad no espera a que haya medicamentos, a que llegue una cita o a que el presupuesto alcance. Las acciones para reducir precios, reforzar compras y mejorar la distribución son parte de la respuesta. El reto es que el paciente encuentre el medicamento o el insumo cuando lo necesita, para que la diferencia no termine saliendo de su bolsillo.


