Lula y Flávio Bolsonaro polarizan las elecciones de Brasil entre dos modelos económicos
Brasil llega a las elecciones presidenciales del próximo domingo 4 de octubre dividido entre dos modelos económicos contrapuestos y con una amplia franja de votantes indecisos que podría ser determinante en una contienda marcada por la polarización entre el presidente Luiz Inácio Lula da Silva y el senador Flávio Bolsonaro.
Lula defiende un modelo desarrollista, con un Estado activo en la inversión pública, la industria y la infraestructura, mientras Bolsonaro propone reducir el tamaño del aparato estatal, ampliar la participación privada y avanzar en la desregulación y las privatizaciones.
Aunque ambos plantean como objetivos la estabilidad fiscal, el control de la inflación y el crecimiento económico, sus programas difieren en el papel que debe desempeñar el Estado.
«Lula, con sus propuestas y políticas, se ha mostrado más intervencionista y desarrollista, ya que defiende la idea de que el Estado tiene un papel importante y estratégico en el desempeño de la economía», explicó el economista Mauro Rochlin, profesor de la Fundación Getúlio Vargas (FGV).
El programa de Bolsonaro contempla la eliminación de al menos diez ministerios, una reducción de cargos de confianza y gastos administrativos, además de la recuperación del Programa Nacional de Privatizaciones, mayores concesiones y una reducción de impuestos.
Lula, por su parte, propone mantener el actual marco fiscal y combinarlo con mayores inversiones públicas en infraestructura, industria y sectores estratégicos mediante empresas estatales, bancos públicos, compras gubernamentales y crédito dirigido.
El debate se produce en un contexto de elevado déficit y deuda pública. En julio, el déficit nominal equivalía al 9,34 % del PIB y la deuda alcanzaba el 82,5 %, mientras que la tasa de interés de referencia se situaba en el 13,75 % anual.

La economía brasileña, además, atraviesa una desaceleración y las previsiones apuntan a un crecimiento del 2 % este año. Para impulsar la actividad, Lula apuesta por nuevas inversiones en infraestructura, mientras Bolsonaro propone ampliar las concesiones, las asociaciones público-privadas y la participación del capital privado.
Las diferencias se extienden a la política industrial y energética. Lula defiende incentivos, crédito dirigido y contenido local para sectores estratégicos y reserva a Petrobras un papel central en la explotación petrolera, el refino y la transición energética. Bolsonaro plantea reducir costes, aumentar la competencia y la apertura comercial y ampliar la participación privada en petróleo y gas.
En el mercado laboral, Lula propone mantener el aumento real del salario mínimo y reducir progresivamente la jornada laboral hasta las 40 horas semanales sin reducción salarial. Bolsonaro plantea una mayor flexibilidad laboral y nuevas modalidades de contratación.

Once candidatos más
Aunque la campaña está dominada por Lula y Bolsonaro, otros once candidatos concurren a la Presidencia. Entre ellos figuran el escritor Augusto Cury, el gobernador de Goiás, Ronaldo Caiado; el activista de extrema derecha Renan Santos y el gobernador de Minas Gerais, Romeu Zema.
Cury y Caiado rondan el 4 % en algunos sondeos, mientras Renan Santos alcanza cerca del 3 % y Zema alrededor del 1 %. El resto de candidaturas registra apoyos marginales.
La fragmentación no ha conseguido romper la polarización entre los dos principales bloques. Los analistas consideran que la llamada tercera vía no ha logrado suficiente respaldo para disputarles el protagonismo electoral.

Los indecisos, clave
Entre el 18 % y el 35 % de los votantes se declara indeciso cuando no se les presenta una lista cerrada de candidatos, mientras que un 21 % afirma en encuestas guiadas que todavía podría cambiar su voto antes del domingo.
Las dudas son especialmente numerosas entre mujeres, mayores de 60 años y personas de bajos ingresos en el sur y sureste del país.
El analista Sérgio Abranches atribuye parte de este fenómeno al traslado de la campaña a las redes sociales, que, según su interpretación, ha generado una campaña menos capaz de movilizar a los electores no politizados.
Fabiano Pereira, analista de la Universidad de Campinas, considera que tanto Lula como Bolsonaro han alcanzado un techo en su intención de voto y que la decisión puede terminar dependiendo de los electores que no se identifican con ninguno de los dos bloques.

Los sondeos muestran además elevados niveles de rechazo hacia ambos candidatos. Una encuesta de Quaest situó el rechazo al oficialismo en el 55 % y al entorno de Bolsonaro en el 56 %, mientras Datafolha registró un 45 % de desaprobación para cada uno.
En este escenario, los analistas consultados consideran poco probable que alguno de los candidatos supere el 50 % de los votos válidos en la primera vuelta, por lo que la elección podría resolverse en un balotaje.
São Paulo, Minas Gerais y Río de Janeiro, que concentran alrededor del 40 % de los votos nacionales, tendrían entonces un peso especial en la definición del próximo presidente de Brasil.
Fotos EFE


