Estrategias: Aprendiendo a Pensar
Estrategias: Aprendiendo a Pensar
Por Edwin Cuevas R Profesor de Negocios Marítimos Internacional y Especialista en Negocios Internacionales.
Los que nunca han cultivado el hábito de leer cuentos, fábulas, historias, biografías. les resultará difícil comprender el entorno geopolítico o la política nacional que vemos en los medios de comunicación y redes sociales. Alguna vez dije que no abordaría estos temas; sin embargo, las salvajadas que observo y leo me obligan a hacerlo. Quien se deja llevar por las emociones, en lugar de analizar las ideas con pensamiento crítico, táctico y logístico, termina atrapado en impulsos o desvaríos emocionales y convencido de que actúa correctamente.
En estos días he visto cómo las estrategias políticas se pintan de discursos que cambian de un día para otro. Algunos aseguran que «tener partido no es lo importante», pero al amanecer ya están corriendo a buscar firmas, porque sin ellas quedarían fuera del juego. Otros se lanzan a las internas, resultan «favorecidos» y luego se quejan de que nadie los escucha. Y así, la lista sique…
Les cuento esto porque siento la necesidad de hacer un poco de docencia, y de inmediato me viene a la mente aquella vieja historia de los tres reinos y la «guerra ficticia», una trama que, aunque parezca lejana, sigue inspirando estrategias que hoy se adaptan a nuestras realidades políticas. Las conclusiones que se desprenden de esa fábula las he visto repetirse en cuentos modernos, en relatos políticos y hasta en manuales de estrategia militar. Muchas de esas ideas, estoy seguro, nacieron de textos clásicos que todavía sirven de referencia y que, curiosamente, siguen marcando la manera en que se juega el poder.
Cuando hablamos de estrategias, no podemos dejar de mencionar clásicos que han marcado la historia. Desde El arte de la guerra de Sun Tzu, hasta las crónicas de los Tres Reinos entre ingleses, irlandeses y escoceses en el siglo XVII, los relatos sobre disputas religiosas y territoriales de aquella época siguen resonando hoy. A lo largo del tiempo, estas narraciones han inspirado no solo a estrategas militares, sino también a políticos que las reinterpretan en clave moderna.
Y si miramos más allá, encontramos variantes en la literatura popular y en la ficción, como la célebre táctica de la «falsa bandera», nacida en los mares del siglo XVI. Una estrategia naval que, con el paso de los siglos, se convirtió en metáfora de engaños y maniobras que aún vemos repetirse en distintos escenarios.
Imaginen esta escena como si fuera sacada de un guion político. En el tablero de los reinos partidistas, tres fuerzas marcan la ruta hacia la victoria. El Reino A y el Reino B se comportan como principados ambiciosos, siempre listos para disputar poder, pero ninguno logra imponerse sobre el Reino C.
Este último, paradójicamente, es el más pacífico: goza de prosperidad, estabilidad económica y unas defensas sólidas que lo convierten en el verdadero muro de contención frente a sus rivales.
Los Partidos-Reinos A y B se reúnen en secreto, aunque todos saben que, si se lanzaran juntos contra el Reino C, los vecinos intervendrían o, como siempre, el propio C se defendería con firmeza. Lo curioso es que A y B deciden inventar incidentes previamente acordados y montan una guerra ficticia entre ellos. En la práctica, esto se traduce en fichas políticas sin verdadero peso, pero que dentro de la trama adquieren protagonismo mediático, buscando ganar algo de rating en plena temporada electoral.
La jugada es clara: uno se viste de «tirano invasor y despiadado», mientras el otro se coloca el traje de «víctima» que clama ser escuchada. Así, escenifican batallas programadas en sus fronteras políticas y despliegan la táctica de esparcir rumores contra los dirigentes del Reino A. Una puesta en escena que mezcla victimarios y víctimas, diseñada para manipular percepciones y mantener viva la atención pública.
Así funcionaría la estrategia: las altas autoridades del Partido Reino C, conmovidas por el aparente sufrimiento de la «víctima» -el Partido Reino B-, deciden abrir espacio en sus filas y ofrecer apoyo. La idea es formar una coalición para enfrentar al «villano» de la trama. el Partido Reino A.
Pero aquí viene el giro. Una vez que el Reino C baja la guardia y despliega su maquinaria mediática y logística en favor del Reino B, ocurre lo inesperado: A y B se quitan las máscaras y juntos aniquilan al confiado Reino C.
¿No les suena este cuento a la realidad política o geopolítica que vemos a diario? La historia siempre nos recuerda que las apariencias engañan y que los peores enemigos no siempre atacan de frente. A veces se disfrazan de víctimas para ganarse nuestra confianza y vulnerar nuestras defensas. No hace falta ser un iluminado, ni un Einstein, ni un Kasparov, ni un Hirata para detectar cuándo nos están aplicando el «juega vivo».
Las nuevas generaciones crecen en medio de una tecnología que avanza a pasos
agigantados y que cada día eleva los niveles de competitividad. En ese escenario, es vital recordar que los valores siguen siendo la brújula para tomar buenas decisiones. Hoy pareciera que lo correcto se percibe como algo «fuera de moda», mientras lo incorrecto se convierte en tendencia. Sin embargo, la realidad nos exige hacer una especie de reingeniería en lo que hacemos, porque la nación lo demanda y la familia espera que seamos ejemplo.
Les dejo algunas interrogantes:
¿Qué deberíamos analizar más a fondo: las estrategias de manipulación política o la falta de pensamiento crítico en la ciudadanía?
¿Qué papel juegan los valores y la ética en un entorno donde lo incorrecto parece convertirse en tendencia?
-Fin-


