Ni consejitos ni recomendaciones,las autoridades deben prevenir y educar frente a la actividad criminal
Jean Cabarcas / La Verdad Panamá
Transcurría el atardecer del 3 de diciembre cuando me dirijo a mi hogar, como la mayoría de los panameños, tomando el siempre desafiante Metro en las horas más atestadas por la muchedumbre.
Al llegar a casa, lo primero que hago es saludar a mis padres y seres queridos, para posteriormente lavarme las manos y seguir las normas de higiene que aún son prioridad ante los casos del virus mortal que no descienden.
Siguiendo mi rutina, algo me llama completamente la atención, no encuentro mi celular. Lo primero que pienso es que me lo robaron, sin embargo, resulta que lo tenía en el bolsillo del abrigo sin darme cuenta.
A todo esto, es inevitable y se ha vuelto normal que, siempre que perdamos algo, lo relacionemos a los delitos. El ciudadano ha conceptualizado totalmente el juicio de perder algo a que te lo roben, porque esa es la esencia que la delincuencia ha incorporado.
Así recordamos más eventos en los que los delincuentes toman protagonismo, como el de la noche del pasado 28 de noviembre, cuando las redes sociales reventaron por un deplorable incidente en el que un turista de origen irlandés se convirtió en víctima de dos mujeres, quienes intentaron despojarlo de sus pertenencias en una disputa de vida o muerte. El video se tornó viral.

Penosamente, como era natural, transeúntes e individuos se mostraron apáticos, a la expectativa de ver como terminaba el lamentable suceso en que el irlandés exigía la devolución de su dinero a quienes únicamente se mostraban como espectadores de un evento que le asestó un duro golpe a la imagen de Panamá como destino turístico.
Si trasladamos nuestros pensamientos más atrás, logramos tener presente el doloroso y perturbador suceso en el que un padre y su hija fueron asesinados a manos de unos infelices criminales.
Más allá de los sucesos ocurridos, así es la realidad en la que ni los turistas se salvan; crimen organizado, pandillerismo en su punto y un sinfín de grupos delictivos producto de la delincuencia, dan por hecho que se ha normalizado la violencia en el país.
Las estadísticas del Ministerio Público respaldan esta situación, en donde tan solo para el mes de octubre se han registrado 401 homicidios en los cuales los hombres toman superioridad sobre las mujeres.
Si de denuncias por delitos de robos hablamos, los informes dejan claro que en cualquier momento toda persona, sin distinción de raza, nombre y color, puede resultar perjudicado de las fechorías de algún malhechor.
Siguiendo esa vil rama de noticias criminales, sorprenden las estadísticas que reluce el Ministerio de Seguridad Pública en donde las amenazas de delitos contra el patrimonio económico aumentan estratosféricamente:
Al analizarlas sobresale que, para el 2019 se localizan 24 mil denuncias sobre robos y hurtos; el 2020, época de confinamiento por la pandemia, se destacaron 22 mil, es decir una reducción, sin embargo, para el 2021 los delincuentes no tardaron en hacer de las suyas haciendo gala de una cifra de 27 mil denuncias sobre la alteración del patrimonio económico.

A causa de la inseguridad que se vive en el país, formará parte del ciudadano común jugarse la vida contra los delincuentes para tomar la justicia por sus propias manos a falta de méritos de la seguridad nacional.
La violencia en Panamá ha llegado tal punto, que ni terceros, como niños y niñas, se salvan de las repercusiones de un asalto a mano armada.
Las cámaras de seguridad en cada semáforo han funcionado, pero la población panameña aún se pregunta ¿seguiremos dependiendo de ellas?
Es lo que muchos se cuestionan, pero lo cierto es que, ya ni de seguridad vial se puede hablar cuando hasta quienes acatan las normas para transitar por un puente elevado son víctimas de la delincuencia.
“Develan que los mecanismos de control y prevención no están siendo eficientes. No se trata de responsabilizar a una persona, o a una institución, o a un gobierno, pero, en la medida en que esas instituciones y las personas que las dirigen dejen de circunscribir el fenómeno de la delincuencia a meras estadísticas amañadas que sólo pretenden alardear que hacen un supuesto trabajo extraordinario para complacer sus egos, entonces el enfoque es inadecuado, sesgado, sobre el qué hacer y cómo hacerlo para aminorar los efectos de la delincuencia”, fueron las palabras del abogado Luis Fuentes Montenegro, quien se expresó ante esta situación.
Ya sobre el término de esta dañina osadía ejecutada por antisociales no faltó la mención del sociólogo y especialista en criminología Fernando Murray ante el momento criminal que se vive. “Las autoridades deben educar y prevenir a la población en acciones puntuales en materia de prevención victimal, no consejitos ni recomendaciones”.
“El consumismo, las compras y las fiestas que en este escenario se desarrollan, son la fiel expresión de bonanza y prosperidad económica, estas situaciones son atractivos que estimulan delitos contra el Patrimonio, siendo este uno de los más comunes para esta época del año”, explicó.
El experto en criminología agregó una importante aclaración. “La dinámica comercial/consumista de la Navidad y la predisposición a delitos contra el patrimonio económico no sólo se limitan a manifestarse en los sectores carentes de recursos económicos. En Navidad, la criminalidad de Cuello Blanco, que evade impuestos, que altera productos, que oferta artículos de mala calidad y, que se enriquece de forma ilícita, también hace su aparición y participa de manera sutil y encubierta, victimizando a quienes buscan en estas fiestas lograr algún producto o bien de su interés”.
Culminando el presente año 2022; la violencia, los robos y delitos en cada esquina del país, siguen siendo un problema desalentador para quienes desafortunadamente se vuelven víctimas de una inseguridad propia de las fiestas de fin de año que se encuentran a la vuelta de la esquina.


