Firme vigilancia del pueblo soberano
Gilma De Leon: Jurista y Defensora de Derechos Humanos
Requerimos unidad con liderazgo que se hace evidente, que no existe dentro de este caos. ¿Qué es lo que buscamos con este estilo de una lucha que desune por lo anárquico y sin dirección precisa? Hay una contradicción, que no parece inocente, en el discurso a esta altura de nuestros reclamos de justicia, que continúa pidiendo la revocatoria del contrato minero, lo cual no favorece la posición de Panamá, de cara a un posible Arbitraje internacional. Queremos los panameños continuar con el caos miserable que viola derechos humanos fundamentales, como el derecho a la vida, la educación, a la salud, a la libertad de circulación, sin un corredor humanitario, cuando podemos protestar pacíficamente, sin detener el paso de suministros y provisiones para la población, que ya se consume en el hambre, la enfermedad y va camino a la muerte por falta de aprovisionamientos básicos para la vida? Tengo gente en el Oncológico, un hospital ya olvidado por este gobierno, donde me cuentan que ya se escuchan los gritos de los pacientes que no reciben la medicación oportuna para paliar su dolor, por el cáncer que los carcome y les genera un infierno en vida. Y conste que se están haciendo esfuerzos heroicos para que esto no continúe. Si es que a eso se le puede llamar vida. Que decir de los pacientes de diálisis que se agravan y morirán autointoxicados, también por una muerte atroz. Los niños, ya mueren por falta de la atención, que cuestionábamos que era inexistente o muy deficiente, por negligencia gubernamental, y falta de atención e insumos. ¿Qué hacemos a favor de todos esos niños hoy? Algo igual o peor que lo que cuestionábamos. Y cuál es la suerte de los enfermos crónicos que se empeoran y pronto también morirán, sin una bala que les quite la vida, sino por la falta de una lucha humanitaria y programada que no resulte con efectos tan nefastos como aquellos por los que luchamos: ¡la injusticia social! Si nuestra población se exponía a la enfermedad y la muerte por los desechos mineros, y la negligencia, desidia abandono y la corrupción de quienes nos gobiernan, hoy nuestra forma de lucha radical y extrema, ciega en los perjuicios que estamos provocando a ese pueblo por el que luchamos, pronto generará efectos fatales, funestos que caerán sobre la conciencia de los líderes que se han escondido, para propiciar y mirar desde lejos el caos que han sembrado, montados sobre una lucha legitima y justa. Un noble movimiento de protesta y firme lucha natural en defensa a nuestra ecología que es vida, se convierte paso a paso, en enfermedad, muerte y ruina para la nación que somos todos. Las empresas privadas y la industria, comienzan a solicitar el reconocimiento de que están requiriendo, algunas, el cierre de operaciones, o inician a solicitar, la suspensión de actividades y de los contratos. Está faltando la visión de los efectos de una lucha escalonada, que nos está generando efectos directos y/o secundarios, que empobrecen aún más, la ya, muy comprometida economía nacional. Nuestra lucha legítima y justa, es por un Panamá sin minería metálica, pero como se está permitiendo, lo que dejará son secuelas tal vez irrecuperables e irreversibles en muchos aspectos. No resucitaremos los muertos, aunque les llamemos mártires, ni mejoraremos los enfermos crónicos a los que les reducimos sus expectativas de vida, sin un “dietinelglicol” que rompa el equilibrio y enferme sus órganos vitales. La pregunta lógica! ¿Hacia dónde vamos, sin una dirección que no atente contra los derechos humanos del pueblo? Aquí no se rinde nadie! Pero no queremos hambre, muerte y pobreza provocada, cuando nuestra lucha es para mejorar las condiciones del país en nuestra patria chica, nuesta bella Panamá, lastimada hoy en su esencia soberana. Panamá la verde, la rica en el recurso principal que es su gente buena, libre, saludable, para la que queremos con una mejor educación y atención de salud, un mejor futuro con la sonrisa y el orgullo de ser panameños, hermanados en un solo abrazo, los unos en protección de los derechos de los otros. El Panama digno, en lucha permanente, vigilante y pacifica! Con amor a su gente y a su tierra y un sublime respeto por la vida. Continuemos nuestra lucha pero en unidad y hermanados. Unidos en un solo corazón que late al unísono: por un mejor Panamá. Cuidemos nuestra tierra y nuestros recursos y riquezas naturales pero protejamos nuestra gente y no profundicemos los problemas de nuestra ya maltrecha economía! Porque finalmente debemos recordar que estamos como dijo Omar Torrijos: ”Bajo el paraguas del Pentagono”. Es hora que volvamos la mirada sobre ese recurso que recobramos porque fue “la religión que unió a los panameños”. Que ahora una lucha ordenada y firme por un Panamá sin minería, no derrame la sangre de panameños contra panameños, ni viole nuestros derechos humanos! El grito firme y fuerte ha de ser: ¡Aquí no se rinde nadie! Y que flamee nuestro pendón y se escuchen las notas de nuestro himno nacional: “Alcanzamos por fin la victoria”, en todo el territorio nacional, porque, como cantó nuestra poetisa Amelia, y me permito tomar sus versos “ sigues siendo mía idolatrada”Panamá! Que ningún extraño te mancille, mi Panamá soberana!


