Oración en una sola lengua
Por Roberto Paniagua P.
Sí, Ud. siente latir su corazón con taquicardia y sus sienes estallarán por el eco de emociones encontradas, yo le comprendería.
Si Ud. padece síntomas de depresión generalizada, sin mirar en mis fantasías las semblanzas de su rostro, yo le entendería.
Si a Ud. se le hiciese un nudo marino y emitiera gemidos desde las cavernas de su garganta cuando sus ojos miran imágenes de guerra, yo le comprendería, aunque no hablara su lengua.
Si Ud., a pesar de donde haya nacido, sufre de distress del alma durante la luz del sol, por bello que sea el día, sepa que yo puedo dar testimonio de las angustias de sus pesadillas.
Ud. y yo, doquier nos encontremos, vibramos de escalofrío como ramas secas embriagadas por vértigos de vientos de noticias trágicas, de gente desconocida.
Víctimas por los mismos motivos.
Mártires de diferentes causas.
Inmolados al olvido por voluntades malditas de potentados y de sus cómplices religiosos, vestidos con mantos de infamia.
Si padece de ceguera psicológica al ver fotogramas de moribundos extraviados en el Medio Oriente, me permita confesarle con valentía que comparto sus sentimientos de empatía con seres sacrificados por directores de orquestas, intérpretes de sinfonías de muerte.
Ceremonias fúnebres canoras, en tierras huérfanas del Dios universal.
Peregrinos de la geografía donde las historias milenarias de sus pueblos idiotizados se esculpen con piel marchita, en llamas del desierto, bañadas en sangre desnutrida.
Sentencia de impunidad a designios mefistofélicos, del antisemitismo de obsoletas doctrinas teocráticas.
Yo, nacido en el istmo bendecido entre los dos grandes mares, le remito en el pensamiento mis abrazos descalzos, con las certezas de mis ancianas convicciones, de que la vida de judíos valga por igual a la de los musulmanes.
Os imploro releer el Corán y honrar al profeta… tendiendo las manos francas a judíos, en un gesto de humildad coránica.
Rezo a Adonai Elohenu que conceda al pueblo de David la gracia prometida de encontrar la guía en su travesía hacia la justicia de los cielos, en las páginas sagradas de la Torá.
Practiquemos, por rutas diferentes, enriquecer con ética laica la constitución social.
Para saber ofrecer al viajero semejante un ramo de flores de amor ágape.
Descienda sobre el planeta la paz cuántica del espíritu desde la cima del infinito.
Baruj Hashem. Amén.


