Caos, humo y la lucha por la vida tras explosión en complejo de edificios
Javier Collins Agnew
La Verdad Panamá
La madrugada del jueves quedó marcada por un estruendo que despertó a toda la vía Ricardo J. Alfaro.
Una explosión en el piso 13 del PH Alsacia Towers en el residencial El Bosque, cambió la vida de los residentes en segundos y dejó a una familia al borde de la tragedia.
En el Complejo Hospitalario de la Transístmica, se percibe un silencio tenso interrumpido por el pitido constante de monitores y el murmullo del personal médico.
Allí, Nilka Doval, de unos 62 años, lucha por mantenerse consciente mientras los doctores atienden las quemaduras que cubren más del 70% de su cuerpo.
A su lado, su hija adulta recibe cuidados similares, con la esperanza de que puedan superar la pesadilla.
En el Hospital del Niño, el panorama es igual de desgarrador. Ian Franco Cuervo, de solo 9 años, esta en la Sala de Quemados, su pequeño cuerpo cubierto de vendajes mientras los médicos trabajan sin descanso.
Las donaciones de sangre tipo O negativo son críticas: familiares y voluntarios se apresuran a llevarlas al banco de sangre del hospital, conscientes de que cada minuto cuenta.
«Solo quiero que mi sobrino viva, que mamá salga de esto», dice una prima entre sollozos, con la fe puesta en Dios de que todo saldrá bien.
Mientras tanto, el Cuerpo de Bomberos y el Sistema Nacional de Protección Civil (Sinaproc) mantienen cerrada la torre, revisando piso por piso para determinar si es seguro que los residentes puedan regresar a sus apartamentos.
Los relatos son escalofriantes: vecinos que huyeron en pijama, cargando solo lo que podían, mientras el humo y el olor a gas llenaban los pasillos.
La explosión no solo dejó heridas físicas; también sembró miedo e incertidumbre. Sin embargo, la respuesta de la comunidad ha sido inmediata.
Se organizan donaciones, se ofrece apoyo emocional y se mantiene la esperanza de que Ian, Nilka y su hija puedan superar la madrugada más oscura de sus vidas.
Cada minuto que pasa es un recordatorio de la fragilidad de la vida y de cómo un instante puede cambiarlo todo.
Y mientras los bomberos continúan su trabajo, la ciudad observa, conteniendo el aliento, a la espera de buenas noticias.


