Panamá, el país sin ejército que más gasta en seguridad pero la ola de violencia es imparable
Javier Collins Agnew
La Verdad Panamá
Panamá encabeza la lista de países centroamericanos que más dinero destinan a seguridad, defensa e inteligencia.
Más de 2,835 millones de dólares invertidos en tres años.
Sin ejército y sin resultados.
El país. vive una tormenta de inseguridad sin precedentes, donde los asesinatos se multiplican y el ciudadano común se siente cada vez más indefenso.
El mayor Felipe Camargo analista en defensa y seguridad, lanzó una advertencia que retumba en los despachos oficiales:
“Los desafíos actuales de la inteligencia panameña no están respondiendo a la ciudadanía. Hay una crisis de inseguridad y violencia, y el Estado guarda silencio.”
Millones sin firmeza
El llamado Plan Firmeza, bandera de la actual administración, prometía “prevención, control territorial y represión del delito”.
Hoy, sus resultados son el reflejo de un sistema que gasta como potencia militar y actúa como país sin brújula.
Solo en septiembre se registraron 60 homicidios, el mes más violento de los últimos 15 meses.
“No estamos en guerra, pero gastamos como si lo estuviéramos,” dice con ironía Camargo.
El criminólogo Álvaro Méndez hijo, consultado por La Verdad Panamá, considera que el problema es estructural y multifactorial.
“La inversión en seguridad debe enfocarse no solo en reprimir el delito, sino en prevenirlo, combatir el crimen organizado y proteger infraestructuras críticas como puertos, aeropuertos y la cadena de suministros. La seguridad también debe sostener la estabilidad social y la paz pública”, explicó.
Méndez advierte que la falta de continuidad en las políticas públicas y el olvido de la prevención agravan el problema.
“Aunque no existan resultados rápidos, la inversión debe verse como una política de Estado que combine seguridad con desarrollo económico, empleo juvenil y programas de resocialización. Sin mejorar la calidad de vida, el delito seguirá ganando terreno.”
El costo del miedo
Los datos oficiales estremecen:
2023: B/. 903 millones al Ministerio de Seguridad (MINSEG).
2024: B/. 946 millones.
2025: B/. 983 millones, aunque se solicitaron más de B/. 1,100 millones.
En total, más de 2,835 millones de dólares sin contar traslados de partida ni créditos adicionales para un país donde las pandillas siguen mandando en las calles y los ciudadanos viven tras las rejas de sus propias casas.
“La inteligencia no está cumpliendo su papel. Falta información, falta dirección, y sobra improvisación”, sentencia Camargo.
Méndez coincide en que el sistema operativo actual no rinde frutos y apunta hacia el sistema judicial como cuello de botella:
“El enfoque policial se diluye si no va acompañado del apoyo del Ministerio Público. Existen herramientas del Sistema Penal Acusatorio —como los acuerdos de pena y la mediación— que debilitan el trabajo policial y generan frustración en la lucha contra el crimen.”
Un modelo desfasado
Para el criminólogo, Panamá necesita una reestructuración profunda de su sistema policial.
“Los planes existen, pero lo que falta es respaldo de toda la sociedad. Se requiere una academia real de formación de policías, no simples campos de infantería. El SENAFRONT y el SENAN pueden encargarse del componente militar, pero la Policía Nacional debe enfocarse en la prevención, la educación y el acercamiento comunitario.”
Méndez recordó que los organismos internacionales, como la ICITAP, ya en 1990 habían advertido la necesidad de transformar la institución tras la invasión estadounidense. “Treinta años después, seguimos arrastrando los mismos vicios”, lamentó.
Democracia en riesgo
El mayor Camargo alerta que cuando la inteligencia falla, la democracia se tambalea.
“Una nación sin información confiable, sin análisis ni anticipación, camina a ciegas hacia el abismo.”
Méndez refuerza la idea de una inteligencia policial moderna, profesional y preventiva.
“Hay que olvidar el viejo modelo del G-2. La inteligencia debe servir para anticiparse al delito, no solo reaccionar. Urge volver a sus raíces: una policía técnica, justa y preventiva.”
El criminólogo también enfatizó en la necesidad de proteger a los grupos más vulnerables:
“Fíjese que ahora tenemos femicidios en provincias como Los Santos y Veraguas. Debemos crear un sistema distinto que preserve la integridad física y moral de las mujeres panameñas.”Panamá encabeza la lista de países centroamericanos que más dinero destinan a seguridad, defensa e inteligencia.
Más de 2,835 millones de dólares invertidos en tres años.
Sin eejércio y sin resultados.
El país. vive una tormenta de inseguridad sin precedentes, donde los asesinatos se multiplican y el ciudadano común se siente cada vez más indefenso.
El mayor Felipe Camargo analista en defensa y seguridad, lanzó una advertencia que retumba en los despachos oficiales:
“Los desafíos actuales de la inteligencia panameña no están respondiendo a la ciudadanía. Hay una crisis de inseguridad y violencia, y el Estado guarda silencio.”
Millones sin firmeza
El llamado Plan Firmeza, bandera de la actual administración, prometía “prevención, control territorial y represión del delito”.
Hoy, sus resultados son el reflejo de un sistema que gasta como potencia militar y actúa como país sin brújula.
Solo en septiembre se registraron 60 homicidios, el mes más violento de los últimos 15 meses.
“No estamos en guerra, pero gastamos como si lo estuviéramos,” dice con ironía Camargo.
El criminólogo Álvaro Méndez hijo, consultado por La Verdad Panamá, considera que el problema es estructural y multifactorial.
“La inversión en seguridad debe enfocarse no solo en reprimir el delito, sino en prevenirlo, combatir el crimen organizado y proteger infraestructuras críticas como puertos, aeropuertos y la cadena de suministros. La seguridad también debe sostener la estabilidad social y la paz pública”, explicó.
Méndez advierte que la falta de continuidad en las políticas públicas y el olvido de la prevención agravan el problema.
“Aunque no existan resultados rápidos, la inversión debe verse como una política de Estado que combine seguridad con desarrollo económico, empleo juvenil y programas de resocialización. Sin mejorar la calidad de vida, el delito seguirá ganando terreno.”
El costo del miedo
Los datos oficiales estremecen:
2023: B/. 903 millones al Ministerio de Seguridad (MINSEG).
2024: B/. 946 millones.
2025: B/. 983 millones, aunque se solicitaron más de B/. 1,100 millones.
En total, más de 2,835 millones de dólares sin contar traslados de partida ni créditos adicionales para un país donde las pandillas siguen mandando en las calles y los ciudadanos viven tras las rejas de sus propias casas.
“La inteligencia no está cumpliendo su papel. Falta información, falta dirección, y sobra improvisación”, sentencia Camargo.
Méndez coincide en que el sistema operativo actual no rinde frutos y apunta hacia el sistema judicial como cuello de botella:
“El enfoque policial se diluye si no va acompañado del apoyo del Ministerio Público. Existen herramientas del Sistema Penal Acusatorio —como los acuerdos de pena y la mediación— que debilitan el trabajo policial y generan frustración en la lucha contra el crimen.”
Un modelo desfasado
Para el criminólogo, Panamá necesita una reestructuración profunda de su sistema policial.
“Los planes existen, pero lo que falta es respaldo de toda la sociedad. Se requiere una academia real de formación de policías, no simples campos de infantería. El SENAFRONT y el SENAN pueden encargarse del componente militar, pero la Policía Nacional debe enfocarse en la prevención, la educación y el acercamiento comunitario.”
Méndez recordó que los organismos internacionales, como la ICITAP, ya en 1990 habían advertido la necesidad de transformar la institución tras la invasión estadounidense. “Treinta años después, seguimos arrastrando los mismos vicios”, lamentó.
Democracia en riesgo
El mayor Camargo alerta que cuando la inteligencia falla, la democracia se tambalea.
“Una nación sin información confiable, sin análisis ni anticipación, camina a ciegas hacia el abismo.”
Méndez refuerza la idea de una inteligencia policial moderna, profesional y preventiva.
“Hay que olvidar el viejo modelo del G-2. La inteligencia debe servir para anticiparse al delito, no solo reaccionar. Urge volver a sus raíces: una policía técnica, justa y preventiva.”
El criminólogo también enfatizó en la necesidad de proteger a los grupos más vulnerables:
“Fíjese que ahora tenemos femicidios en provincias como Los Santos y Veraguas. Debemos crear un sistema distinto que preserve la integridad física y moral de las mujeres panameñas.”


