Salario mínimo no resuelve: panameños siguen contra la pared por el costo de la vida
Consumidores advierten que el aumento del salario mínimo aún no se siente y que los precios comienzan a moverse por especulación, no por costos reales
Javier Collins Agnew
La Verdad Panamá
El reciente aumento del salario mínimo, que entró en vigencia el 15 de enero de 2026, todavía no se traduce en alivio para la mayoría de los hogares panameños.
El ajuste, que promedió entre 9 y 15 dólares mensuales según sector y región, luce pequeño frente al costo real de vida, mientras los precios comienzan a mostrar movimientos anticipados, especialmente en productos procesados.
Actualmente, el salario mínimo promedio en Panamá ronda los 636 dólares mensuales, pero el poder adquisitivo sigue condicionado por el comportamiento de la canasta básica. En diciembre de 2025, la Canasta Básica de Alimentos se ubicaba cerca de los 298.97 dólares, y a inicios de 2026 ya ronda la barrera de los 300 dólares, sin incluir transporte, vivienda, energía ni servicios públicos.
El aumento que no se siente
El presidente del Instituto Panameño de Derecho de Consumidores y Usuarios (Ipadecu), Geovanny Fletcher, explicó que, por ahora, no se percibe un impacto fuerte en el consumo pese al ajuste salarial.
“Todavía la gran parte de la población no siente de manera directa e inmediata el aumento de los precios de los productos de primera necesidad. El salario mínimo subió, pero fue un aumento pírrico y no genera un impacto fuerte de consumo”, señaló.
Según Fletcher, en los foros de consumidores no se reporta una crisis abierta, pero sí un movimiento silencioso que puede convertirse en problema si no se controla.
Los primeros en subir: los procesados
El dirigente de Ipadecu advirtió que los primeros productos en reflejar incrementos no son los frescos, sino los industrializados.
“Los productos que primero suben son los más procesados dentro del área industrial. En las plantas procesadoras es donde más se percibe el aumento porque ahí se concentra el pago del nuevo salario”, explicó.
Esto incluye alimentos empaquetados, bebidas, embutidos y productos listos para consumo, con alto costo de transformación.
Más especulación que realidad
Fletcher fue directo al señalar que el alza inicial no responde todavía a costos reales.
“Normalmente frente a un aumento de salario mínimo lo primero que aparece es la especulación. Los comerciantes comienzan a protegerse reservando fondos, aunque aún no hayan sentido el impacto real del ajuste”, indicó.
En la práctica, algunos precios se mueven antes de que exista una justificación económica concreta.
“Panamá está secuestrado por la oferta y la demanda”
Por su parte, el presidente de la Unión Nacional de Consumidores y Usuarios de la República de Panamá (Uncurepa), Pedro Acosta, puso el foco en un problema estructural.
“Panamá está secuestrado por la famosa ley de oferta y demanda. Alcanzamos a abastecer parte del mercado nacional, pero seguimos siendo insuficientes en producción de alimentos”, afirmó.
Esa dependencia obliga a importar buena parte de lo que se consume, trasladando costos internacionales al bolsillo local.
Importar sí, pero sin asfixiar al consumidor
Acosta explicó que el Estado no puede cerrar el comercio, aunque existan sectores que se oponen a las importaciones.
“Cuando sube el salario mínimo, algunos productos pueden mantenerse o subir según la oferta y la demanda. Pero en un país que importa tanto, los costos de transporte, empaques, energía y servicios se suman al precio final”, sostuvo.
Cada variación en combustible, electricidad o envases termina reflejándose en el arroz, el pan o el aceite.
El dirigente aclaró que no se vive una explosión de precios, pero sí una presión constante.
“La electricidad sube, los envases suben, el transporte sube, y todo eso termina pegándole al producto final”, explicó.
Por eso, aunque el salario mínimo aumenta, el costo de vida avanza casi al mismo ritmo, y a veces más rápido.
Ambos dirigentes coinciden en que el Estado debe apoyar, pero el consumidor también debe volverse más estratégico.
“El consumidor tiene que ser más crítico, revisar hábitos, no sacrificar nutrición, pero sí comprar con más inteligencia”, dijo Acosta, mencionando compras colectivas, negociación con productores y planificación del gasto.
La batalla no es el salario, es el precio
El mensaje final es claro: el aumento salarial por sí solo no resuelve el problema si el mercado se adelanta con ajustes silenciosos.
Mientras el trabajador espera sentir el alza en su bolsillo, el carrito del supermercado ya empezó a hacer su propia contabilidad.


