Casi 300 migrantes encerrados en hotel Decapolis: denuncian condiciones inhumanas
Javier Collins Agnew
La Verdad Panamá
Un total de 299 migrantes se encuentran bajo estrictas medidas de retención en el hotel Decapolis, según denunció la Asociación de Residentes y Naturalizados de la República de Panamá (Arena).
El presidente de Arena, Rafael Rodríguez, exigió que se les garantice un trato digno y que sean trasladados a un espacio más amplio.
“A su llegada son encerrados en el hotel y se les restringe su movilidad. Entendemos que esta situación es compleja para las autoridades panameñas, pero estas personas merecen respeto a sus derechos humanos”, afirmó.
El ministro de Seguridad Pública, Frank Ábrego, explicó que estos migrantes han sido repatriados desde Estados Unidos con tránsito por Panamá y que su estadía está bajo la gestión de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y ACNUR.

Según el funcionario, los gastos de atención médica, alimentación y traslado son cubiertos por el gobierno estadounidense a través de estos organismos.
De los 299 inmigrantes 171 de ya han aceptado regresar a sus países de origen voluntariamente, mientras los que se nieguen deberán elegir un tercer país donde la OIM garantice su reasentamiento seguro.
Denuncias de abusos y condiciones críticas
El diario estadounidense The New York Times reveló detalles alarmantes sobre la situación de los migrantes en el hotel Decapolis.

Según el informe, a muchos les habrían confiscado sus pasaportes y celulares, además de prohibirles el acceso a abogados.
El medio también señaló que fueron informados de que serían enviados a un campamento improvisado en la selva del Darién.
EFE pudo presenciar este martes cómo un grupo de migrantes escribían mensajes solicitando ayuda en las ventanas de ese céntrico hotel de la capital panameña. En concreto, una familia escribió la palabra «Help (Ayuda)» con rotulador rojo en uno de esos amplios ventanales.
No eran los únicos, a su alrededor más de una decena de migrantes, de aparente origen surasiático, se reclinaron en los amplios vidrios cruzando los brazos en forma de cruz, abriendo y cerrando los puños y mostrando una pulsera blanca de plástico en sus muñecas.
En concreto, una niña, vestida con un traje blanco y mascarilla, escribió «Save Afghan girls (Salva a las chicas afganas)», en un papel blanco escondiendo su rostro, después de solicitarlo con insistencia mediante gestos manuales.
No se «esperan» más vuelos
Esos casi 300 migrantes son parte de los deportados por Estados Unidos en tres vuelos hacia Panamá, país que los acogerá un tiempo y luego los devolverá a su país de origen.
El Gobierno panameño informó la semana pasada de un primer vuelo con más de un centenar de personas de la India, China, Uzbekistán, Irán, Vietnam, Turquía, Nepal, Pakistán, Afganistán, y Sri Lanka. Y pese a que advirtió de la llegada de otros dos aviones, no confirmó su arribo.
Y, según señaló este martes el ministro, «no se espera la llegada de más migrantes» porque no se han acordado «más» de estos vuelos.
Panamá aceptó ser un «puente» para las deportaciones masivas de EE.UU. después de la visita del secretario de Estado de EE.UU, Marco Rubio, al país centroamericano en medio de las tensiones por las amenazas de Trump para «recuperar» el Canal.
Según el pacto explicado por las autoridades panameñas, Panamá presta la pista de aterrizaje y los albergues de las zonas urbanas de la provincia de Darién, donde está la peligrosa selva que hace de frontera natural con Colombia y que atraviesan los migrantes para llegar a Norteamérica, aunque cada vez con menos frecuencia por las duras políticas antimigratorias del Gobierno.
En concreto, los migrantes son primero alojados en un hotel de la capital y luego movilizados hasta el Darién, donde partirán a sus países en vuelos pagados por EE.UU. «a través de la Organización Internacional para las Migraciones y ACNUR», según explicó la Cancillería la semana pasada.
Fotos EFE


