Desaparición de jóvenes revela una crisis de exclusión social y falta de oportunidades
Sociólogo José Lasso advierte que muchos jóvenes desaparecidos están expuestos a la trata de personas, el crimen organizado y el narcotráfico
Javier Collins Agnew
La Verdad Panamá
La desaparición de personas en Panamá tiene, en una proporción importante de los casos, rostro joven, una realidad que para el sociólogo José Lasso Núñez refleja problemas más profundos relacionados con la exclusión social, la desigualdad, la desintegración familiar y la falta de oportunidades para miles de jóvenes.
Durante una entrevista en el programa Protagonistas de la Verdad, Lasso, el profesor de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Panamá, explicó que una parte significativa de los jóvenes que desaparecen sale de sus hogares por distintas circunstancias y queda expuesta a situaciones de alto riesgo.
El sociólogo señaló que, de acuerdo con los datos que maneja sobre las alertas de desaparición, una proporción importante corresponde a personas jóvenes. A su juicio, detrás de estos casos no existe una sola explicación, sino una combinación de factores sociales y familiares que pueden empujar a un joven a abandonar su entorno.
Lasso sostuvo que muchos de estos jóvenes se encuentran vinculados a condiciones de exclusión y desigualdad. Algunos pueden salir voluntariamente de sus hogares en busca de nuevas oportunidades, mientras otros pueden convertirse en víctimas de engaños, trata de personas, crimen organizado o narcotráfico.
El riesgo aumenta cuando estos jóvenes son captados para ser utilizados dentro de estructuras delictivas. El sociólogo advirtió que algunos pueden terminar siendo utilizados como «soldados» de organizaciones criminales, quedando atrapados en dinámicas de violencia de las que posteriormente resulta difícil salir.
Para Lasso, el problema también debe analizarse desde las expectativas que tienen los propios jóvenes. Cuando un muchacho percibe que su entorno no le ofrece posibilidades de estudiar, trabajar, practicar deportes, desarrollar actividades culturales o construir un proyecto de vida, puede comenzar a buscar alternativas fuera de su comunidad y de su propia familia.
En ese escenario, la desaparición puede convertirse en la expresión visible de un problema mucho mayor: la incapacidad de la sociedad para integrar a una parte de su juventud y aprovechar sus capacidades.
«Estamos perdiendo un potencial importante de desarrollo hacia adelante del país», planteó el sociólogo, al advertir que los jóvenes poseen capacidades que pueden ser incorporadas a las dinámicas productivas, culturales y sociales, pero requieren oportunidades concretas para desarrollarlas.
Una familia debilitada aumenta los riesgos
Lasso también puso el foco en la situación de las familias. A su juicio, cuando el hogar está profundamente deteriorado y carece de las condiciones necesarias para orientar y proteger a sus integrantes más jóvenes, no se puede esperar que el problema se resuelva por sí solo.
El hogar, explicó, debería ser el primer espacio para transmitir valores, normas, tradiciones y herramientas para la convivencia. Sin embargo, cuando existe una familia quebrada, esa función se debilita y el Estado debe intervenir mediante programas planificados que permitan fortalecer tanto a las familias como a las comunidades.
El sociólogo cuestionó que la respuesta del Estado se concentre principalmente en la persecución del delito y en el sistema penitenciario, mientras las políticas de prevención y generación de oportunidades para los jóvenes no reciben, a su juicio, la misma atención.
«Esto no funciona con una mano invisible», sostuvo Lasso al referirse a la necesidad de que los gobiernos nacionales y locales desarrollen una planificación concreta para recuperar espacios comunitarios, fortalecer las familias y ofrecer alternativas a los jóvenes que se encuentran en situación de riesgo.
En ese sentido, planteó que las comunidades deben contar con programas de deporte, cultura, recreación, formación y empleo que permitan a los jóvenes sentirse parte de su propio entorno, en lugar de buscar oportunidades fuera de él o terminar siendo captados por estructuras criminales.
Comunidades con potencial, pero sin planificación
Lasso cuestionó además la ausencia de diagnósticos sociales específicos en las comunidades. Puso como ejemplo sectores de San Miguelito, donde, según explicó, existen capacidades en materia de artesanía, deporte, comercio y otras actividades que podrían convertirse en oportunidades para los propios residentes.
A su juicio, las autoridades locales deberían identificar esas capacidades, conocer cuántos artesanos, deportistas, emprendedores y trabajadores existen en cada corregimiento y diseñar actividades que permitan generar movimiento económico y participación comunitaria.
El objetivo, explicó, no debería limitarse a llevar grandes ferias a los centros de convenciones ubicados en el centro de la ciudad, sino trasladar también esas oportunidades a los barrios, donde puedan convertirse en espacios de integración para los jóvenes.
«Así se hace más comunidad y se reduce la capacidad de los jóvenes de estar excluidos», sostuvo.
Para el sociólogo, la prevención de las desapariciones y de otros fenómenos vinculados a la juventud exige mucho más que campañas ocasionales. Requiere una política permanente que involucre al Gobierno, los municipios, las juntas comunales, las escuelas, las familias y las propias comunidades.
Lasso insistió en que los jóvenes que se encuentran en riesgo social no deben ser considerados una generación perdida. Incluso aquellos que ya han tenido algún contacto con dinámicas delictivas pueden ser recuperados si existen programas capaces de ofrecerles alternativas reales.


