Portada

Día de la Madre: Panamá despierta con serenatas, flores y memorias que abrazan fuerte

Javier Collins Agnew

La Verdad Panamá

Panamá volvió a vivir este 8 de diciembre una de sus tradiciones más queridas: el Día de la Madre, instaurada en 1930 y fijada el 8 de diciembre por coincidir con la festividad católica de la Inmaculada Concepción.

Mientras buena parte del continente celebra en mayo, el istmo lo hace en vísperas de Navidad, cuando en el país se viven ya los aires navideños y todas las familias se encuentran Unidas.

Desde la madrugada, los barrios capitalinos despertaron al ritmo de guitarras, violines, conjuntos musicales que recorrieron calles estrechas, edificios y veredas llevando serenatas a las madres de cada cuadra.

La tradición, que se niega a morir pese a los tiempos digitales, volvió a convertirse en banda sonora de la ciudad.

En San Miguelito, Yolanda Quintero, de 62 años, se asomó a su ventana sorprendida por un coro improvisado. “Yo pensé que eso ya no se usaba, pero mira… me hicieron llorar. Estas cosas a una la devuelven a cuando mis hijos estaban chiquitos”, dijo, aún con la voz temblorosa.

En tanto Lissette Perea, madre de cuatro, recibió un bolero que le tocó fibras viejas. “Yo estaba preparando el café y escuché el ‘chan chan’ de la guitarra. Ay, santo, casi me desmayo. Me sentí celebrada de verdad”, comentó entre risas.

Pero el Día de la Madre también es una fecha para honrar a quienes ya no están. Desde temprano, cientos de familias acudieron a cementerios y santuarios a visitar a esas mujeres que siguen guiando desde el cielo.

Las flores se acomodaron entre lápidas y nichos como un lenguaje silencioso que solo entiende el amor.

En el Parque del Recuerdo, Raúl Mendoza, con una rosa blanca, llegó a la tumba de su mamá poco antes del mediodía. No habló fuerte, pero sus palabras se escucharon en cada gesto: “Vengo cada año, madre. No falto. Tú sabes que esta fecha es tuya y mía”. Después dejó la rosa y se quedó un rato en silencio, como quien conversa con la memoria.

En otro santuario, María del Carmen, hija única, llevó una pequeña postal que decía “Siempre conmigo”. “Mi mamá amaba estas fechas. Yo vengo para sentirla cerquita. No es igual, pero uno aprende a querer distinto”, dijo, secándose una lágrima.

Así, entre voces que cantan, familias que abrazan y muchos recuerdos Panamá celebró una vez más un Día de la Madre que mantiene viva una tradición que es identidad pura.

Porque aquí, el 8 de diciembre no es un día: es un homenaje. Es un país entero diciendo “gracias, mamá”.