El Congreso Anfictiónico y la cooperación internacional
Por: Diamantina Rivera Alonzo
En Panamá, el primer gran ensayo de integración regional que buscaba transformar la fragmentación geopolítica del siglo XIX en una fuerza colectiva capaz de enfrentar desafíos comunes proyectó un futuro compartido mediante el diálogo, la comunicación y la negociación, sentando las bases para una comunidad de naciones.
Desde entonces, el istmo de Panamá, por su posición geográfica y vocación histórica, se consolidó como la sede natural de la unidad y la pluralidad política, misión histórica que continúa cumpliendo en pro de un multilateralismo real, pragmático y útil.
Con el objetivo de establecer una arquitectura de cooperación en áreas críticas como la seguridad, la diplomacia y el comercio, el Congreso Anfictiónico de 1826, procuró garantizar la resolución pacífica de conflictos preservando la independencia y la identidad nacional de los estados.
Como bien señala Michael Cosmopoulos, profesor de la Universidad de Missouri-St. Louis y miembro de la Academia Griega de las Artes y las Ciencias, “este congreso representó un esfuerzo genuino por definir un horizonte de cooperación continental.”
A 200 años, el legado reside en la capacidad de anticipar el multilateralismo moderno. El Tratado de Unión, Liga y Confederación Perpetua, suscrito por la Gran Colombia, México, Perú y las Provincias Unidas de Centroamérica, sentó los precedentes para la defensa colectiva.
Sus principios fundamentales están contenidos en las cartas constitutivas de las Naciones Unidas y la Organización de los Estados Americanos, demostrando que la búsqueda de la cooperación sin pérdida de soberanía es un ideal imperecedero.
La cooperación política, según observa Cosmopoulos, es un proceso humano significativo, siempre inacabado, que requiere de una diplomacia institucional capaz de generar espacios de concertación bilateral y multilateral.
Demanda voluntad política, la determinación de líderes y ciudadanos para unir esfuerzos en favor del bien común, incluso ante divergencias ideológicas.
Este espíritu anfictiónico cobra una urgencia renovada frente a crisis globales como el cambio climático, las brechas tecnológicas y las amenazas a la seguridad internacional, la relevancia de actuar en bloque es indiscutible. El mensaje de 1826 recuerda que la soberanía se fortalece cuando las naciones actúan con un propósito compartido.
Ante las complejidades del siglo XXI, Panamá sigue siendo un punto de encuentro esencial para el diálogo en aras de la paz, la seguridad internacional y el desarrollo sostenible.


