¡El crimen de las redes sociales!
Edmundo Dante Dolphy
La comunicación digital ha provocado una metamorfosis particularmente peligrosa en nuestras sociedades, al extremo de formar ciudadanos cada vez menos sensibles a escenarios de violencia, accidentes y tragedias en las que el elemento humano es el principal protagonista.
¿Son las redes sociales una legítima comunicación alternativa, similar a la de los años 70 y 80, época en la que los murales, panfletos, hojas volantes y el popular sténcil, eran canales de expresión populares que no podían con la fuerza colosal de los grandes medios de comunicación social de entonces?
Esa comunicación alternativa sufrió un “make up”, transformándose en las denominadas redes sociales, a saber; las más utilizadas, Facebook, twitter, Instagram, WhatsApp, Messenger, Periscope, entre otras herramientas que viajan en el ciberespacio entre dos conceptos de libertad de expresión y libertinaje en su más cruda expresión, arrastrando reputaciones, destruyendo familias, honra, apellidos, valores hasta llegar a conductas suicidas de seres que no resistieron tanto escarnio y bochorno mundial, producto de la maldad y la falta de conciencia social.
Las redes sociales racionalmente utilizadas, han arrojado resultados positivos, han colaborado a nuevos aires de libertad, verbigracia, la revolución egipcia donde la explosión de Facebook y Twitter, generó una toma de conciencia social que derivó en inmensas movilizaciones, que fueron decisivas para la salida de Hosni Mubarak. Intensificándose aún más tras los intentos de neutralizar estas redes sociales.
No vayamos muy lejos, en Venezuela con la masacre desatada por un dictador, sátrapa, que sistemáticamente viene matando de hambre a su pueblo, claro que las redes sociales se empinan como un medio auténtico para llamar la atención de un mundo, hasta el momento, sordo, distante e indiferente a tanta crueldad.
Su papel en desastres naturales cobran relevancia porque ayudan a salvar vidas y a evitar situaciones mucho más graves para poblaciones enteras.
El triunfo de Donald Trump en Estados Unidos es otro ejemplo de lo estratégico que pueden resultar las redes sociales en el estadio político.
Pero, estas redes sociales en una gran parte del tiempo se mueven, cual fugitivo en un inframundo en el que no hay reglas, no hay regulaciones ni mucho menos códigos de ética, al contrario, existe licencia para acabar con las fibras más íntimas de una sociedad que languidece por la ausencia de valores.
El reciente caso de una dama asesinada en la cafetería de un prestigioso y exclusivo hospital de Punta Pacífica, independientemente de las razones, sacó a relucir lo más bajo y despreciable de la conducta humana, de todos esos individuos que se regocijaron primero, tomando la foto de la víctima en el suelo para segundos más tarde, enviarlas por la autopista cibernética que no tiene fronteras.
Reflexionemos sobre lo que realmente queremos para nuestros hijos y para el país, pero no permitamos que el morbo y el alejamiento a los mandamientos del Señor nos conviertan en seres abominables.


