Expresiones

El espejo invertido: la derecha en la izquierda y la izquierda en la derecha

Por Carlos Rubio / Ex Ministro de Gobierno 

El mapa político de Sudamérica parece haber sido dibujado por un geógrafo amante de la ironía. Si miramos el continente hoy en día, asistimos a una curiosa paradoja geográfica e ideológica: las corrientes políticas se han acomodado exactamente en el lado contrario de su nombre. Pero para entender este fenómeno de espejos invertidos, primero debemos recordar de dónde vienen estos términos que usamos a diario.

​El origen de las etiquetas: el mapa de París
​Toda esta arquitectura mental nació por un azar de asientos en la Francia de 1789. Durante la Asamblea Nacional Constituyente, los asambleístas se dividieron según su cercanía al Rey.

A la derecha del presidente de la asamblea se sentaron los sectores más conservadores, defensores de la Corona, la tradición y el orden establecido.

A la izquierda se colocaron los revolucionarios, los jacobinos, aquellos que exigían un cambio radical, la soberanía popular y la igualdad.

El centro quedó para los moderados, los que buscaban consensos y matices entre ambos extremos.

Lo que empezó como una distribución de sillas en París se convirtió en la brújula política del mundo. Una brújula que hoy, en nuestra región, parece haberse vuelto loca.

​La paradoja geográfica de Sudamérica

Si trasladamos la brújula francesa al mapa actual de América del Sur, la ironía es total. La izquierda política ha encontrado su bastión en la costa atlántica, es decir, en la franja derecha del mapa: Brasil, con el regreso de Lula da Silva, se consolidó como el gigante de ese sector.

Por el contrario, la derecha política ha ganado terreno con fuerza en el lado pacífico, la franja izquierda de la geografía suramericana. Lo vemos en Ecuador, en el giro de Chile, y en un Perú donde las fuerzas conservadoras —representadas de forma muy vocal por figuras como Keiko Fujimori y sus aliados— han ido recuperando y sosteniendo el control del timón político. El mapa se ha invertido: la izquierda está en la derecha y la derecha está en la izquierda.

Este reordenamiento no es casualidad.

Definitivamente, la derecha ha aumentado su fuerza electoral en la región. En parte, esto responde al clásico péndulo ideológico natural: las sociedades se cansan de un color y prueban el otro. Pero, sobre todo, este avance de la derecha se debe al profundo desgaste de los gobiernos de izquierda y, en los casos más severos, a sus rotundos fracasos económicos e institucionales que dejaron promesas rotas y crisis de seguridad.

El reto de la derecha: gobernar para todos
​Sin embargo, ganar elecciones por el desgaste del rival es una victoria frágil. La derecha suramericana, que históricamente arrastra en muchos sectores la fama de ser egoísta o de legislar solo para las élites, se enfrenta ahora a la difícil tarea de gobernar para la totalidad de sus ciudadanos y lograr una reducción real de la pobreza.

La clave para que esta nueva ola no sea un simple suspiro pendular está en el modelo económico. La recomendación es clara: no apliquen solo la economía de mercado; apliquen la Economía Social de Mercado.
​¿Cuál es la diferencia? La economía de mercado a secas confía ciegamente en la «mano invisible». La Economía Social de Mercado, en cambio, promueve con fuerza la libre competencia funcional, pero entiende que el mercado no es perfecto.

Exige un Estado firme que intervenga cuando aparecen monopolios, cuando se cometen delitos financieros o cuando ocurren injusticias flagrantes. El Estado no asfixia al mercado; lo sana, corrige la distorsión, y automáticamente se retira para permitir que el libre juego económico vuelva a funcionar de manera justa.

Para lograr este equilibrio, la derecha no puede gobernar desde la soberbia o el aislamiento. La receta para la estabilidad es tender puentes: gobernar junto a demócratas cristianos, movimientos populares y sectores de centro. Solo a través de esa concertación se conseguirá un balance político, social y económico sostenible.

Si las nuevas mayorías de derecha logran entender que el crecimiento económico debe caminar de la mano con el respeto a la dignidad humana y el bienestar social, dejarán un verdadero legado. Solo así sus países progresarán en paz, demostrando que la felicidad de un pueblo no es propiedad de ninguna esquina ideológica.