El hambre camina por las paredes
Edmundo Dante Dolphy / La Verdad Panamá
Todos los días se habla y se escribe de crecimiento económico, de generación de empleos, de los malabares y estrategias para no caer en la maldición de las Calificadoras de Riesgo cuando nos ponen mala nota y nos exponen a un ostracismo lacerante. Pero muy poco hacemos por disminuir la pobreza, porque erradicarla no es más que una burda demagogia.
Pensemos en las familias que, si desayunan no almuerzan y si almuerzan no cenan. Son lugares en los que el hambre camina por las paredes.
Pensemos en los hogares donde no existe una refrigeradora, donde no existe una estufa, donde el arroz escasea y que cuando se come, ese arroz ya no se acompaña con un huevo porque no hay para comprarlo en la tienda del chinito. Y no estoy pensando en las comarcas donde el cuadro es más desgarrador, me refiero a aquí cerquita en el distrito de San Miguelito.
Pensemos en esa mamá que observa impotente la malnutrición de su hijo por falta de recursos, de las que caminan horas en los semáforos pidiendo y rogando por una moneda de 25 centavos y quizás preñada, esperando a otra criatura que de seguro transitará por los amargos y tortuosos caminos de la miseria. En un país que se jacta de ostentar un crecimiento económico de envidia para otros países, esto es censurable y canalla.
Hablar de justicia social como pregón constante de una clase política desgastada, que más bien parece eslogan que compromiso, no es más que una bofetada a la cruda realidad que viven muchas familias panameñas.
Que la pobreza no sea un estandarte para ganar la gracia de los votantes, todo lo contrario, que se constituya en un desafío de todos para someterla y asfixiarla para darle paso a la construcción de una legítima justicia social, a una equidad que no se diluya en discursos sino en obras y estadísticas que así lo certifiquen.
Ojalá que en el transcurso de este año 2026, trabajemos todos para que el hambre no siga siendo protagonista principal y se convierta en un actor secundario en un guion que se resiste a cambiar por falta de voluntad y desprecio a nuestra gente.
Panamá no merece tanta miseria ni indiferencia.


