Entre garras y máscaras: psicólogos alertan sobre lo que hay detrás del fenómeno “therian”
Javier Collins Agnew
La Verdad Panamá
El fenómeno de los llamados therian, personas que se identifican como animales, ha dejado de ser una curiosidad de internet para colarse en la conversación social en Panamá.
Pero más allá de disfraces, videos virales y tendencias, especialistas advierten que detrás de esta conducta pueden existir señales que no deben tomarse a la ligera.
El psicólogo Nelson Riquelme es directo: en algunos casos no se trata de un simple juego. Explica que hay personas que realmente creen ser un animal, mientras otras solo siguen una moda o participan en dinámicas pasajeras.
Sin embargo, advierte que en el fondo puede existir un problema de identificación que, de agravarse, podría generar un choque con la realidad.
Desde otra perspectiva, la psicóloga Blanca González introduce un matiz importante: no todos los casos responden a un mismo patrón.
Señala que se trata de un fenómeno multifactorial, muchas veces vinculado a la adolescencia, una etapa marcada por cambios profundos y búsqueda de identidad.
En algunos jóvenes, asumir la figura de un animal puede funcionar como un mecanismo de defensa frente a experiencias como el bullying, la inseguridad o sentimientos de vulnerabilidad, aseguró la psicóloga.
Ambos coinciden en un punto clave: la línea entre juego y alerta psicológica existe, pero no siempre es evidente.
Nelson sostiene que muchas de estas conductas están ligadas a la necesidad de reconocimiento, especialmente en redes sociales, donde la validación externa se convierte en combustible.
Incluso advierte que los casos más llamativos suelen inclinarse hacia animales “positivos”, como perros o gatos, lo que podría interpretarse como una búsqueda de aceptación más que una identidad genuina. «No he visto casos en que algún individuo se identifique con una cucaracha», sostuvo.
Blanca por su parte, enfatiza que no se trata de un trastorno mental reconocido, pero sí de una conducta que debe observarse con atención cuando comienza a afectar áreas clave de la vida: bajo rendimiento académico, aislamiento social, confusión entre fantasía y realidad o signos de ansiedad y depresión.
El verdadero riesgo, según la especialista, no está en la máscara sino en lo que podría esconder: aislamiento progresivo, depresión silenciosa y ruptura de vínculos familiares.
Nelson va más allá y lanza una interrogante inquietante: la exposición constante en redes sociales y la difusión de este tipo de comportamientos podrían estar incentivando patrones desadaptativos en las nuevas generaciones. “¿Quién gana con esto?”, cuestiona, dejando en el aire una duda que trasciende lo clínico y roza lo social.
En medio de la polémica, los expertos coinciden en algo fundamental: más que juzgar o estigmatizar, el enfoque debe ser comprender. Preguntar, acompañar y observar son claves, especialmente cuando se trata de adolescentes.
Porque detrás de una cola, unas orejas o un rugido, puede haber algo más que un juego: una historia que necesita ser escuchada antes de que el silencio haga más ruido que cualquier aullido.
De mito antiguo a moda viral: los “therian” ya tienen eco en Panamá
Aunque hoy parecen una tendencia nacida en redes sociales, los therian tienen raíces en la antigua teriantropía, presente en mitos donde humanos y animales se mezclaban.
Su versión moderna surgió en los años 90 en comunidades de internet, pero explotó recientemente con plataformas como TikTok, donde jóvenes muestran conductas y apariencias animales en busca de identidad y pertenencia.
El fenómeno se ha extendido en países como Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Alemania y varias naciones de América Latina, incluyendo Brasil, México y Argentina, donde incluso se han reportado encuentros entre seguidores.
Panamá ya no está al margen. En redes circula la convocatoria a un posible encuentro de therian el 25 de febrero en el Parque Omar, aunque la administración del parque ha indicado que no ha autorizado actividades de este tipo.
Más allá de si el evento se concreta o no, la tendencia ya pisa suelo panameño, dejando abierta la duda de si se trata de una moda pasajera… o de algo más profundo que apenas comienza a mostrarse.


