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Fernando Murray: “El abuso sexual dentro de la Iglesia es una relación de poder sobre víctimas vulnerables”

Javier Collins Agnew  / La Verdad Panamá
El abuso sexual dentro de la Iglesia Católica debe analizarse desde la relación de poder que se establece entre el agresor y una víctima que busca protección, sanación espiritual o apoyo emocional, advirtió el profesor y sociólogo de la Universidad de Panamá, Fernando Murray, al referirse al informe presentado por la Iglesia católica sobre las víctimas de abusos sexuales.
Durante su participación en el programa Protagonistas de la Verdad,  Murray sostuvo que estos hechos representan una forma de abuso de poder espiritual, en la que una persona aprovecha la confianza depositada en ella para causar daños físicos, psicológicos y emocionales.
El sociólogo explicó que la victimología permite comprender la situación de quienes, en condiciones de vulnerabilidad, buscan ayuda en personas que deberían brindarles protección y terminan enfrentándose a nuevas formas de violencia.
“Hay una relación de poder donde una persona entiende la vulnerabilidad y aplica el poder sobre quien busca en ese momento encontrar esa atención y esa cura física o emocional”, planteó.
Murray señaló que las víctimas pueden acudir a sacerdotes y otros representantes religiosos en busca de orientación espiritual, convencidas de que encontrarán un espacio seguro para atender sus necesidades personales.
Sin embargo, cuando esa confianza es utilizada para cometer abusos, se produce una nueva victimización que puede dejar secuelas profundas y persistentes.
El docente indicó que el daño no se limita a las consecuencias físicas, sino que también puede afectar la salud mental y la dimensión espiritual de quienes sufren estas agresiones.
La confianza como instrumento de abuso
Murray explicó que las relaciones de confianza y las diferencias de poder pueden convertirse en factores que favorecen la conducta de los agresores, especialmente cuando las víctimas atraviesan situaciones de indefensión o vulnerabilidad.
En el ámbito religioso, señaló que muchas personas reconocen en los sacerdotes una representación de lo sagrado y depositan en ellos una confianza que puede ser aprovechada de manera indebida.
A su juicio, la gravedad de estos hechos exige que las instituciones comprendan las condiciones en las que se producen los abusos y desarrollen mecanismos que permitan escuchar a las víctimas, atenderlas y garantizar que las denuncias sean investigadas.
Una nueva postura de la Iglesia
Al analizar el informe sobre los abusos sexuales, Murray reconoció que durante años algunas instituciones religiosas priorizaron la protección de su imagen por encima de la situación de las víctimas.
No obstante, consideró que en los últimos años la Iglesia católica ha comenzado a establecer mecanismos internos para atender las denuncias, vigilar las conductas de sus miembros e intervenir ante posibles casos de abuso.
Sostuvo que estos mecanismos representan un cambio frente a una etapa en la que, según explicó, las víctimas no contaban con suficientes espacios para ser escuchadas y sus denuncias podían quedar sin respuesta.
Murray también se refirió al reconocimiento institucional del daño causado a las víctimas y a la necesidad de que las denuncias sean atendidas mediante los procedimientos correspondientes.
En ese contexto, destacó las palabras del arzobispo de Panamá, José Domingo Ulloa, quien reconoció que miembros de la Iglesia habían causado daño y que la respuesta institucional no siempre estuvo a la altura de lo que las víctimas merecían.
Para el sociólogo, ese reconocimiento expresa una postura institucional distinta frente a los abusos y la responsabilidad de atender a quienes han sufrido estas agresiones.
Las leyes no bastan para prevenir los abusos
Murray también abordó la necesidad de fortalecer las medidas de prevención de la violencia sexual y señaló que el endurecimiento de las penas, aunque puede contribuir a disuadir determinadas conductas, no resuelve por sí solo las causas del problema.
El docente sostuvo que la prevención requiere una respuesta integral que incluya educación sexual, atención a la salud mental y participación de las instituciones públicas, las familias y las comunidades.
A su juicio, la educación sexual continúa siendo un tema rodeado de tabúes, tanto en los hogares como en las escuelas y otros espacios sociales, lo que dificulta que los niños y adolescentes reciban información adecuada para reconocer situaciones de riesgo y proteger su integridad.
Advirtió, además, sobre la exposición de los menores a contenidos en las redes sociales y otras tecnologías digitales sin suficiente supervisión ni orientación.
Murray señaló que las plataformas digitales pueden facilitar el acceso al conocimiento y la información, pero también exponen a los menores a contenidos que requieren acompañamiento familiar y formación sobre la intimidad, el respeto y la sexualidad.
El sociólogo consideró que la familia tiene una responsabilidad fundamental en la educación y protección de los niños, pero insistió en que no puede asumir sola esa tarea.
Una responsabilidad de toda la sociedad
El profesor planteó que la prevención de los abusos sexuales debe involucrar a las instituciones educativas, las autoridades de salud, los gobiernos locales, las organizaciones religiosas y las entidades responsables de la protección de la niñez.
También cuestionó que la respuesta frente a la violencia se concentre únicamente en las detenciones y los procesos penales, sin atender de manera suficiente los factores sociales y psicológicos que pueden contribuir a estas conductas.
Murray sostuvo que la legislación penal es una herramienta necesaria, pero no sustituye las políticas de prevención, la atención a las víctimas ni los programas de salud mental.
Finalmente, insistió en que el abordaje de los abusos sexuales debe ir más allá del castigo a los responsables y contemplar las condiciones sociales, educativas y familiares que permitan prevenir nuevas agresiones.