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Jóvenes que se identifican con animales: sociólogo advierte que el fenómeno desafía normas tradicionales de identidad

Javier Collins Agnew
La Verdad Panamá

El fenómeno de jóvenes que aseguran identificarse espiritualmente con animales, los llamados therian, dejó de ser simple conversación de redes y entró al terreno del análisis académico.

Para el sociólogo José Lasso, director del Departamento de Sociología de la Facultad de Humanidades de la Universidad de  Panamá, lo que ocurre hoy no puede analizarse a la ligera.

“Cada vez más personas dicen sentirse perros, gatos o tener una identidad distinta a la humana. Lo primero que hay que entender es que la identificación con animales no es un tema nuevo”, explicó.

Identificación antigua, fenómeno moderno

Lasso recordó que en múltiples culturas antiguas existía una conexión profunda entre el ser humano y la naturaleza, donde el animal representaba espíritu, fuerza o identidad colectiva.

“En tribus y comunidades del pasado, la relación con el animal tenía una connotación espiritual importante. Era parte de la cosmovisión”, señaló.

No obstante, aclaró que el contexto actual es distinto. Desde la sociología, sostiene que el fenómeno puede ser identificado como una manifestación contemporánea vinculada a dinámicas sociales recientes.

“Esto es bastante identificable como una moda. Principalmente porque en los últimos años han surgido fenómenos similares asociados a identidades que hace apenas una década no tenían un componente de exposición tan fuerte”, indicó.

¿Moda digital o proyección identitaria?

El académico planteó que podría tratarse de una proyección identitaria impulsada por el entorno digital.

Hemos visto cómo han aparecido diversas identidades que antes no tenían esa visibilidad. Ahora surgen repentinamente y se proyectan con fuerza. Las redes sociales amplifican esa identificación”, explicó.

Subrayó que no se trata simplemente de personas que se disfrazan.

“No estamos hablando de alguien que se pone un traje como en el mundo furry. Aquí no es un disfraz como tal. Se supone que es una identificación interna, reconocida por el propio individuo sobre el animal.

Es decir, la persona no adopta la identidad como accesorio, sino que afirma que forma parte de sí”, precisó.

Para Lasso, ese elemento marca una diferencia sustancial: no es juego ni performance temporal, sino una construcción identitaria asumida.

Ruptura de normas tradicionales

El sociólogo considera que este tipo de manifestaciones rompe esquemas clásicos de identificación personal.

“Estamos en un terreno bastante desconocido respecto a si esto va a tener mayores efectos. No hay antecedentes claros más allá de momentos puntuales en la historia donde ciertas proyecciones identitarias se amplificaron”, advirtió.

A su juicio, el fenómeno no necesariamente trastoca de inmediato la convivencia social, siempre que se mantengan las reglas establecidas.

“Si se mantienen las normas básicas de convivencia ciudadana, no debería haber mayores efectos. Al final, como ocurre con personas que se disfrazan o adoptan símbolos, lo importante es que no se vulneren las reglas sociales”, señaló.

Sin embargo, insistió en que el debate no debe minimizarse, ya que implica un cuestionamiento directo a las categorías tradicionales sobre cómo una persona se define a sí misma.

Análisis en campo

Como parte de ese interés académico, Lasso participará junto a un salón completo de estudiantes en el encuentro que realizarán los therian en los próximos días. Los estudiantes formularán preguntas directamente al grupo para comprender de primera mano qué está ocurriendo detrás de esta nueva forma de identificación.

“Hay que escuchar a los protagonistas y analizar el fenómeno en su propio contexto”, sostuvo.

De foros digitales a debate público

El término therian proviene de la palabra griega therion (animal) y describe a personas que aseguran identificarse psicológica o espiritualmente con una especie no humana.

Aunque comunidades similares existen en internet desde la década de 1990, el fenómeno ha ganado notoriedad en los últimos años gracias a plataformas digitales donde jóvenes comparten experiencias, símbolos y encuentros públicos.

Lo que antes permanecía en foros cerrados hoy se expone en espacios abiertos y genera discusión social.

La interrogante que queda sobre la mesa es si estamos ante una tendencia pasajera amplificada por algoritmos o frente a una transformación más profunda en las formas contemporáneas de identidad.