La repentina fama de una Polla.
Por Luis Fuentes Montenegro
Es normal en un país folclórico donde se es ciego, sordo y estúpido por convicción y conveniencia. La muchacha que llaman Polla, tiene el mérito (¿mérito?), de hacer taquilla en un Chollywood donde la fama a toda costa es lo que cuenta, aunque se tenga la cabeza y la mente igual a la de un cangrejo. Cuántos de pronto, no quisieran tener esa “fama”, que la mentada Polla, en menos de lo que eructa un borracho la ha obtenido. Para reír a tutiplén en el villorrio donde nada es imposible. Acaso no hay programas de tv con altos rating, donde sobresale el desprecio a la inteligencia y se aplaude desenfrenadamente lo soez, lo torpe, porque se ve “pritty”, acaso los ejemplos de quienes deben dar buenos ejemplos, ¿son dignos o menos burdos? Pienso por ejemplo en un diputado, en un alto funcionario de gobierno, ¿qué buen ejemplo dan? ¿Acaso quién puede tirar una piedra si tiene pecho de vidrio? A la mentada Polla, de seguro le vale dos pepinos que la critiquen, sigue adelante con su swing racatacoso, “bien pegáa” y en verdad qué culpa tiene ella de que en esta sociedad mucho sea un show de hipócritas, doble morales, envidiosos y enanos mentales. Por lo menos ella, esa Polla que no es una polla, pues es una muchacha y no un animal de gallinero, tuvo su osadía para mostrarse como es, sin tapujos lució su repertorio de patio limoso y sigue “pa lante”, en una fama que como decía un compadre mío: “muchas veces dura menos que un suspiro”. En una patria boba como esta, con escasa memoria colectiva y atiborrada de pendejadas, un día lloverá mierda y todos aplaudiremos.


