Movilidad eléctrica avanza sin red: ley ambiciosa, infraestructura débil y tarifa que castiga al usuario que compra un auto eléctrico
Javier Collins Agnew / La Verdad Panamá
Mucha promesa, poco enchufe real
Panamá quiere subirse al tren de la movilidad eléctrica, pero todavía camina descalzo por la estación.
Aunque existe una ley que impulsa el uso de vehículos eléctricos, su implementación sigue en construcción.
En la Dirección General de Normas del Ministerio de Comercio e Industrias aún opera un Comité Especial que trabaja la reglamentación técnica, un proceso que, según expertos, puede tomar entre tres y cuatro años más para estar realmente operativo.
Para el ingeniero Gustavo Bernal, ex presidente de la Sociedad Panameña de Ingenieros y Arquitectos (SPIA), el país lanzó la idea antes de tener la casa ordenada.
“Se vendió el mensaje de que Panamá sería líder en movilidad eléctrica, pero no se adecuó la red, ni la tarifa, ni la infraestructura”, afirmó.
El verdadero costo no está en el carro
Comprar un vehículo eléctrico no es el problema principal. El problema es alimentarlo.
Bernal advierte que cargar un auto eléctrico en casa puede empujar la demanda del usuario a niveles que disparan la factura. “Un cliente residencial que instala un cargador puede terminar pagando 300 o 400 dólares más al mes solo en electricidad”, explicó.
A diferencia de la gasolina, que se paga por evento, tanque lleno y listo, el eléctrico se paga por demanda constante.
Cada carga incrementa consumo, potencia y, en algunos casos, demanda máxima, que es uno de los rubros más caros de la factura.
Condominios: la infraestructura no aguanta
El golpe es mayor en edificios y urbanizaciones. La mayoría de los condominios en Panamá no fueron diseñados para soportar estaciones de carga.
“Hay que cambiar transformadores, cableado, tableros, sistemas internos y hacer estudios eléctricos completos. Eso cuesta miles de dólares y casi ningún PH está preparado para eso”, señaló Bernal.
Relató casos donde un transformador de 500 kVA debe ser reemplazado por uno mayor solo para permitir varios cargadores. “No es enchufar y listo. Es rehacer la columna vertebral del edificio”, explicó.
Más demanda, más estrés al sistema
La movilidad eléctrica también presiona la red nacional. Cada cargador rápido es una fuente de alta demanda. Si se masifica sin planificación, el sistema puede saturarse.
“En otros países los cargadores usan baterías propias y fuentes renovables que no castigan la red. Aquí los conectamos directo al sistema tradicional, que ya está tensionado”, dijo Bernal.
La paradoja es que Panamá promueve autos eléctricos con una matriz que todavía depende en gran parte del combustible fósil. “Si cargas con térmica cara, el beneficio ambiental y económico se diluye”, advirtió.
Transporte público: sin planificación no funciona
En el transporte colectivo el reto es mayor. Un bus eléctrico no puede circular indefinidamente. Debe cargarse, planificar rutas cortas y disponer de puntos de carga rápidos.
“Un bus da vueltas, se descarga y tiene que volver a enchufarse. Cada carga es demanda. Sin infraestructura es más un castigo que un incentivo”, sostuvo Bernal. Por eso cuestiona metas como migrar flotas estatales sin resolver primero la base técnica: red, tarifa, estaciones y financiamiento.
Incentivo que termina siendo castigo
Aunque la ley pretende incentivar la compra de autos eléctricos, el ex presidente de la SPIA cree que el mensaje real hoy es otro. “Con la tarifa actual y sin infraestructura, la movilidad eléctrica se vuelve un lujo para pocos, no una política pública para todos”, afirmó.
Comparó con Costa Rica, que tiene una penetración cercana al 15%–20% y aun así enfrenta problemas de implementación. Panamá, que ronda apenas el 3% o 4%, todavía no tiene el terreno listo.
Sin reforma energética no hay movilidad sostenible
El ingeniero insiste en que la movilidad eléctrica no puede caminar sola. Necesita una reforma paralela del sistema energético: más renovables, tarifas diferenciadas, redes inteligentes y protección real al usuario.
“Si no se corrige la tarifa y la infraestructura, el carro eléctrico no es progreso, es presión económica para el ciudadano”, sentenció.
En resumen, Panamá quiere autos del futuro con una red del pasado. Y así, por ahora, la movilidad eléctrica avanza… pero con la batería medio descargada.


