Nadie cumple la pena de 50 años: cadena perpetua no resuelve los graves problemas de la criminalidad
Javier Collins Agnew
La Verdad Panamá
La propuesta de instaurar la cadena perpetua en Panamá ha encendido un debate que va más allá del Derecho: pone en evidencia una sociedad que confunde justicia con venganza.
El sociólogo Fernando Murray, catedrático de la Universidad de Panamá, y el abogado Juan Carlos Araúz coincidieron en que el país está respondiendo al delito con emociones y no con razón, en una peligrosa deriva hacia el castigo como desahogo colectivo.
“La ley penal no resuelve problemas sociales”
El profesor Murray fue directo: “La ley penal no resuelve problemas sociales. Las penas no van a resolver la criminalidad porque esta es una situación estructural”.
A su juicio, aumentar la severidad de las sanciones “no es más que un determinismo penal”, una ilusión de control que en realidad no ataca las causas profundas del delito.
“El delito y la criminalidad se han convertido en una forma alterna de satisfacer necesidades”, advirtió Murray, señalando que la desigualdad, la falta de oportunidades y la descomposición de los valores sociales son los verdaderos detonantes de la violencia.
Y lanzó una pregunta incómoda:
“¿Queremos llenar cárceles, queremos matar personas ¿Qué queremos como sociedad?”.
Araúz: “La sociedad panameña quiere lastimar”
El abogado Juan Carlos Araúz, expresidente del Colegio Nacional de Abogados, no se quedó atrás. Con crudeza, retrató una sociedad que ha perdido el sentido de la justicia:
“La sociedad panameña entiende que la pena de prisión debe ser una pena que lastime, que cause daño, que agreda al individuo infractor. Esa es la realidad”.
Araúz alertó que la creación de leyes movidas por emociones o coyunturas solo conduce a errores legislativos. “Cuando el Parlamento legisla en medio de la furia social, termina produciendo normas defectuosas”, explicó.
Y subrayó un punto clave: “Si la pena máxima hoy es de 50 años y nadie la ha cumplido, ¿para qué necesitamos una cadena perpetua? Estamos legislando sobre algo que no ha ocurrido”.
Hipocresía y doble moral
El jurista también desenmascaró la doble moral con la que la sociedad exige castigo:
“Pedimos severidad para unos, pero no para otros. Cuando el infractor es amigo, familiar o cercano, queremos compasión. Pero cuando no lo es, exigimos dureza. Ese doble discurso es el que distorsiona la justicia”, sostuvo.
Para Araúz, el debate debería ser más honesto: “Si como sociedad estamos de acuerdo en que no nos interesa la resocialización, digámoslo abiertamente. Admitamos que lo que queremos es causar daño. Pero eso requiere una madurez que todavía no tenemos”.
¿Justicia o espectáculo político?
Ambos expertos coincidieron en que las iniciativas penales se están usando como vitrinas políticas, más que como soluciones estructurales.
Murray advirtió que “detrás de cada proyecto hay una lógica de popularidad inmediata”, mientras Araúz cuestionó si el Estado está preparado para mantener “una infraestructura carcelaria para individuos que pasarían toda la vida encerrados”.
“¿Dónde vivirán esos condenados? ¿Qué programas se crearán para ellos? ¿Qué hará el Ministerio de Gobierno con los presos perpetuos?”, preguntó el abogado, subrayando que incluso el concepto mismo de pena tendría que redefinirse en el Código Penal.
“Queremos hacer magia con la ley penal”
El profesor Murray fue más allá al referirse a la violencia sexual, uno de los temas que encendió la discusión sobre la cadena perpetua.
“Entiendo el dolor de las víctimas, pero pretender resolver el problema con la ley penal es querer hacer magia. Hay causas de fondo: salud mental, descomposición familiar, una sociedad excesivamente sexualizada”.
Denunció que vivimos en una cultura donde “la sexualidad se ha convertido en mercancía”, mientras las instituciones que deberían atender estos problemas miran hacia otro lado.
Una sociedad en el espejo del castigo
Ambos especialistas convergen en un diagnóstico alarmante: Panamá está confundiendo justicia con venganza.
En palabras de Murray, “estamos regresando a la época del talión, creyendo que el dolor ajeno cura el nuestro”.
Y en las de Araúz, se esta legislando con rabia, no con razón.
La cadena perpetua, más que una herramienta legal, se ha convertido en un espejo de lo que somos como sociedad: una sociedad que busca lastimar antes que transformar.


