«No ganan ni lo suficiente para comerse un huevo al día»: polémico legado de las petroleras ordenadas por Hugo Chávez
«No hay suficientes lanchas que nos lleven a todos hasta las gabarras. Muchísimas veces solo cumplimos horario», admite, implorando que se reserve su verdadera identidad.
Él, personal activo de una filial de la empresa estatal PDVSA, vive en una de las zonas petroleras más ricas de Venezuela, la nación con las mayores reservas de hidrocarburos del mundo.
Y en los cinco municipios de la llamada Costa Oriental del Lago (COL) se produce la tercera parte de todo el crudo de la nación.
Son suelos acaudalados. En ellos, se erigió en 1914 el primer pozo activo en territorio venezolano: el Zumaque 1 o MG-1. Tienen más de 100 años familiarizados con la explotación petrolera.
Cuando Venezuela producía más de tres millones de barriles de crudo por jornada, esos distritos de occidente regurgitaban hasta 1,2 millones de unidades del llamado oro negro en tierra y agua: 850.000 correspondían a empresas nacionales
Hoy, apenas rondan las 600 mil, según cifras de la Asociación de Comerciantes e Industriales de Lagunillas.
El desplome ha sido paulatino. Y su génesis tiene fecha.
Expropiación
Trabajadores, empresarios, comerciantes y ciudadanos de a pie recitan en coro el día en que, para ellos, empezó del descalabro: 8 de mayo de 2009.
Ese día soleado, de mar manso y brisa fresca, sobraban sonrisas entre el personal en los atracaderos.
Centenares de militares ya habían ocupado en la madrugada los activos de 60 empresas privadas del sector cuando, al final de la mañana, el presidente Hugo Chávez descendió de la lancha «Canaima» en el muelle Terminales Petroleros.
El excomandante pasaba por una fiebre expropiatoria: entre 2007 y 2010, nacionalizó empresas de servicios eléctricos, de telecomunicaciones, decenas de miles de hectáreas de siembra y plantas procesadoras de alimentos, puertos regionales, hoteles y bancos.
En Lagunillas embriagó a los presentes con su candidez y carisma, proclamando la estatización de contratistas y compañías tercerizadas de PDVSA.
Así se lo permitió una ley aprobada por el Parlamento -entonces de mayoría chavista-, que reservó al Estado los bienes y servicios de las actividades primarias de hidrocarburos.
El Gobierno confiscó gabarras, grúas, diques astilleros, plataformas JackUp, lanchas de buceo y remolcadores.
Expropió en las siguientes semanas un total de 143 empresas, mil embarcaciones y 39 muelles, según cifras oficiales.
A la mayoría de las compañías, PDVSA adeudaba ocho meses de pagos.


