“Nos quitaron el pasaporte y no nos pagaron ni un centavo”: el testimonio de panameños que terminaron en la guerra de Ucrania
Javier Collins Agnew
La Verdad Panamá
Les prometieron que no les quitarían el pasaporte, que mantendrían comunicación con su familia y que conservarían sus teléfonos. Al llegar a Ucrania, eso fue lo primero que ocurrió.
Estuvieron un mes y 15 días en casas seguras, rodeados de otros panameños, sin recibir un solo dólar y obligados a firmar contratos en ucraniano que no podían traducir.
“Fue una propuesta bastante engañosa”, advierten hoy, ya de regreso. Uno de ellos viajó por necesidad: tiene hijos pequeños y trabaja en barcos. Ahora le preocupa su pasaporte decomisado y la visa de turista que quedó atrapada en medio del conflicto.
El contacto empezó, como en la mayoría de los casos, por redes sociales. “En Panamá hay bastantes reclutadores y usan diferentes números de teléfono de otros países”, relatan.
Les aseguraron que todo sería limpio. La realidad fue otra: retenían documentos, cortaban la comunicación y, si alguien se negaba a firmar, lo llevaban a una casa segura y lo obligaban a trabajos forzados.
En una de esas casas se encontraron con cuatro panameños más que ya estaban allí antes. Un argentino que compartió con ellos logró regresar a su país. Ello, gracias a gestiones y a la ayuda de terceros, también salieron.
Su mensaje es directo: no caigan. Hay familias que se enteran tres o cuatro días después de que sus hijos ya se fueron del país.
Este no es un caso aislado. El canciller Javier Martínez-Acha reveló que Panamá tiene conocimiento de aproximadamente 60 ciudadanos vinculados de alguna manera a las fuerzas de Rusia y de entre 17 y 18 a las de Ucrania.
Son estimaciones basadas en reportes de familiares y verificaciones consulares aún en curso. Algunos firmaron contratos de servicio militar; otros viajaron creyendo que harían labores de cocina o apoyo y terminaron en zonas de combate.
Hay personas que perdieron el contacto con sus familias, otras que podrían estar heridas y casos en los que no se descarta el fallecimiento. “No vamos a abandonar a ninguna familia panameña”, afirmó el canciller, quien destacó la colaboración de las autoridades ucranianas y pidió a Rusia la misma diligencia para localizar, verificar la condición de los ciudadanos y facilitar el retorno de quienes desean abandonar el servicio.
La Procuraduría General de la Nación tiene abiertas 12 investigaciones por captación y traslado de panameños hacia esos escenarios.
El procurador Luis Gómez confirmó que dos personas se encuentran bajo detención provisional por presuntos delitos contra la humanidad en la modalidad de trata de personas.
Las pesquisas apuntan a un reclutamiento informal basado en engaños y, en varias diligencias, se ha detectado la retención de pasaportes.
El sociólogo José Lasso insiste en que el fenómeno no es homogéneo. Detrás de cada caso hay motivaciones distintas: falta de oportunidades, necesidad económica inmediata o, en algunos, la búsqueda de experiencias militares. Pero ninguna justifica el riesgo.
“Hay que tener mucho cuidado con este tipo de ofertas y con la información que circula en redes o intermediarios”, advirtió.
Lasso alerta sobre posibles redes de captación transnacionales que aprovechan la vulnerabilidad y sobre la posibilidad de que personas contratadas inicialmente para tareas técnicas terminen expuestas al combate activo.
El problema, dice, también refleja vacíos en oportunidades económicas y la necesidad de mayor educación preventiva.
Panamá no es parte de esta guerra. Sus ciudadanos que terminan en ella, en muchos casos, lo hacen engañados o empujados por la desesperación.
Mientras las investigaciones avanzan y las gestiones diplomáticas continúan, las familias esperan respuestas. Detrás de cada número hay un nombre, un hijo o un hermano cuyo paradero sigue siendo una pregunta.


