Por qué China no quiere que sus grandes empresas inviertan en el extranjero
China anunció este año que destinará US$124 millones a realizar inversiones por todo el mundo bajo una iniciativa denominada la Nueva Ruta de la Seda. ¿Por qué entonces está pidiendo a sus grandes empresas que dejen de invertir en el extranjero?
Parte de la respuesta se puede encontrar en el centro de Madrid, donde se levanta un imponente rascacielos que simboliza una de las mayores preocupaciones del gigante asiático.
El Edificio España fue adquirido en 2014 por el grupo empresarial chino Wanda, un conglomerado con inversiones en inmuebles, turismo y ocio que pertenece al segundo hombre más rico del país, Wang Jianlin. En ese momento, Wang debió haber pensado que había hecho un buen trato: le costó 265 millones de euros, un tercio menos de lo que había pagado su anterior dueño.
Pero a veces lo barato sale caro. Cuando Wanda compró el inmueble, este llevaba casi una década en desuso así que necesitaba una reforma integral. Sus técnicos concluyeron que había que derribarlo por completo y reconstruirlo.
Tres años después, Wanda se rindió y lo puso en venta. La aventura madrileña le costó cerca de US$30 millones, según la prensa de su país.

Compras compulsivas
Las empresas chinas han protagonizado en los últimos años una espiral de compras compulsivas alrededor del mundo.
China, una economía que intenta ser de mercado pero sin renunciar a estrictos controles gubernamentales, relajó en la década pasada las restricciones a que sus compañías invirtieran en el extranjero.
El objetivo era evitar que sus reservas de divisas extranjeras engordaran hasta un volumen inmanejable y que las firmas chinas pudieran adquirir recursos y tecnología que les permitieran crecer.
Pero esta etapa parece estar llegando a su fin, ya que el gobierno de Xi Jinping empezó el año pasado a trazar límites que en las últimas semanas ha reforzado.
Inversiones irracionales
Las inversiones chinas en el extranjero ascendieron en 2016 a más deUS$169.000 millones, según los datos que recauda el think tank American Entreprise Institute (AEI). Aunque la cantidad de inversiones anunciadas ese año fue incluso mayor. Pero una cosa es la cantidad y otra muy diferente, la calidad. Y esta última no convence a las autoridades asiáticas.
El ministro de Comercio chino, Zhong Shan, calificó el año pasado de «ciegas e irracionales» a una parte de estas inversiones, como informó entonces el Washington Post. Aseguró que se trataba de un pequeño número de empresas, pero fue contundente: «Algunas ya han pagado el precio». Además, lamentó que unas cuantas hayan incluso «impactado negativamente en nuestra imagen nacional».
El gobernador del Banco Popular Chino fue más explícito afirmando que no cumplían las exigencias y políticas para invertir en el extranjero, ya que lo hacían en sectores «que no traen mucho beneficio a China», como los de deportes y entretenimiento.
Una moneda internacional
China quiere evitar en su territorio situaciones como las que viven Japón o Estados Unidos. Por ejemplo, las empresas de este último acumulan en el extranjero US$2,6 billones, según la consultoría Capital Economics.
Se trata de dinero obtenido de las ganancias de sus operaciones en el exterior y que no ha sido repatriado para evitar el gran tajo en impuestos que aplicarían las autoridades fiscales estadounidenses.
Pese a las advertencias y medidas chinas, algunas empresas han continuado anunciando inversiones. Algo que, según Deng, acabarán teniendo que cancelar.
«Las compañías chinas pararán esta ola de compras sí o sí. De hecho, aquellas bien informadas y bien conectadas realizaron antes de que acabara 2016 todas las que les interesaban», aseguró.
Deng afirmó que estas restricciones son «demasiado pequeñas» y llegan «demasiado tarde».
Entonces, ¿por qué China impulsa una campaña de inversiones mundiales a la que destina millones de dólares?
Porque el país asiático quiere tener operaciones en el extranjero, pero en los sectores que le interesan. La Nueva Ruta de la Seda está dedicada a la inversión en infraestructuras.


