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Restaurantes contra las cuerdas: alza del combustible aprieta costos y lleva a la creatividad para no aumentar precios

Javier Collins Agnew

La Verdad Panamá

El aumento del combustible sigue pasando factura al sector gastronómico, donde restaurantes enfrentan una presión creciente en sus costos que ya comienza a impactar su operación diaria y amenaza con consecuencias más severas.

El empresario y expresidente de la Asociación de Restaurantes de Panamá, Domingo de Obaldía, advirtió que la industria viene absorbiendo incrementos en distintos rubros, en medio de un escenario que obliga a los negocios a maniobrar constantemente para no trasladar el golpe al consumidor.

“La industria ha recibido aumentos en diferentes productos, especialmente los que vienen del exterior. Ahí no hay forma de controlar los precios”, explicó.

Aunque algunos insumos locales han registrado leves bajas producto de subsidios al combustible, De Obaldía aclaró que los precios no han regresado a los niveles anteriores, manteniendo una presión sostenida sobre los costos.

“No estamos al nivel de hace un mes. Han bajado algo, pero no lo suficiente”, indicó.

El impacto no se limita a los alimentos. El encarecimiento del combustible ha golpeado directamente la logística, obligando a restaurantes y proveedores a replantear sus esquemas de distribución.

Entregas más espaciadas, rutas optimizadas y pedidos más grandes son ahora parte de la nueva normalidad para intentar contener el gasto en transporte.

“Donde antes te entregaban tres veces por semana, ahora te dicen: pide más porque voy a ir menos veces”, detalló.

Esta reconfiguración también implica riesgos operativos, como quedarse sin inventario en momentos de alta demanda, lo que a su vez puede generar mayores costos imprevistos.

A nivel interno, los restaurantes han tenido que entrar en un proceso constante de revisión de sus menús, compensando el alza de ciertos productos con la baja de otros para evitar ajustes bruscos en los precios finales.

“Hoy te sube el tomate, pero te baja el pepino. Entonces juegas con eso para no afectar al cliente”, explicó.

Sin embargo, advirtió que este margen de maniobra es cada vez más estrecho, especialmente cuando se trata de productos importados, cuyos precios siguen al alza sin posibilidad de negociación.

El panorama es aún más complejo para las micro y pequeñas empresas, que operan con volúmenes reducidos y sin capacidad de absorber o negociar aumentos.

Para este segmento, el impacto del combustible puede ser determinante.

De mantenerse la tendencia, el sector enfrenta un escenario delicado con tres posibles salidas: reducción de personal, cierre de operaciones o traslado de costos al consumidor.

“Nadie quiere despedir, nadie quiere cerrar y tampoco subir precios porque pierdes clientela, pero la realidad te empuja”, advirtió.

En medio de este contexto, la creatividad se ha convertido en una herramienta de supervivencia, con la incorporación de platos más económicos, ajustes en recetas y alternativas que permitan mantener la oferta sin disparar los precios.

No obstante, De Obaldía reconoce que estas medidas son temporales y no sustituyen una solución estructural.

“El cliente también está golpeado. Si le subes mucho, simplemente deja de venir”, sostuvo.

El efecto, explicó, se siente a lo largo de toda la cadena: desde el transporte hasta el plato final, pasando por proveedores y distribuidores.

“Es un efecto dominó. Todo sube y alguien tiene que absorberlo”, señaló.

Pese al escenario, el sector intenta resistir sin trasladar completamente los incrementos, en un equilibrio cada vez más frágil entre sostenibilidad y demanda.

La advertencia está sobre la mesa: si la presión de los costos se mantiene, el impacto podría sentirse con mayor fuerza en el empleo y en la permanencia de muchos restaurantes en el país.