Sandokan levanta la voz: “No dejaré morir la lucha libre, aunque Pandeportes me dé la espalda”
Javier Collins Agnew
La Verdad Panamá
Entre lonas remendadas y un gimnasio que reconstruye con sus propias manos, Sandokan, uno de los grandes ídolos del deporte panameño, sigue luchando. No ya contra rivales en el cuadrilátero, sino contra el olvido institucional.
Su nueva batalla no se libra con vuelos mortales ni llaves al cuello, sino con súplicas: pide apoyo al Instituto Panameño de Deportes (Pandeportes) para rescatar la lucha libre profesional, aquel espectáculo que en los años 70 y 80 llenaba el gimnasio Roberto Durán y hacía vibrar al país entero.
“Estamos arreglando el gimnasio con lo poco que tenemos, compramos la lona nueva, los muchachos vienen a entrenar gratis. Tenemos el talento, la historia y la pasión, pero no tenemos el apoyo de Pandeportes”, lamenta Sandokan, leyenda viviente de este deporte.
Una lucha fuera del ring
En esta lucha junto a Sandokan también está Luzbell quien encabeza el Club de Lucha Libre Los Atómicos, con sede en Betania, un espacio que sobrevive gracias al respaldo de la Junta Comunal y al esfuerzo de los propios luchadores.
Aun así, las carencias son evidentes: no cuentan con apoyo económico ni espacios adecuados para entrenar o realizar eventos.

“No hemos pedido dinero, solo un lugar donde podamos hacer capacitaciones o entrenamientos. Pero todo nos ha sido negado”, señaló Luzbell que comparte el sueño de ver renacer la lucha libre panameña.
El grupo asegura que la Comisión de Lucha Libre está debidamente registrada y reconocida, con personería jurídica vigente, pero a pesar de ello, denuncian que Pandeportes les ha cerrado las puertas.
“Queremos rescatar este deporte que dio tantas glorias a Panamá, pero parece que hoy nadie recuerda lo que significó la lucha libre”, dice Sandokan, evocando con orgullo los años dorados en que las arenas panameñas superaban incluso al boxeo en asistencia.
El legado olvidado y la deuda del Estado
Las leyendas de la lucha libre recuerdan los nombres que marcaron época: El Ídolo, Ursus, Aníbal, Sandokan, combates que llenaban el Roberto Durán y estremecían a los fanáticos.
“En una ocasión, cuenta Sandokan, destruyeron parte del gimnasio de la emoción. Eran tiempos en que la lucha libre movía masas, era un fenómeno cultural.”
Sin embargo, ese legado no tiene un lugar digno donde ser contado. Han solicitado una sección en el Museo del Deporte para exhibir los años dorados de la lucha libre, pero no han recibido respuesta.
Incluso un documental sobre la historia del deporte, que ha sido presentado en festivales internacionales, no ha encontrado apoyo estatal para su difusión local.
“Solo lo hemos podido proyectar tres veces en el Cine Universitario, con buena asistencia, pero nada más”, lamenta Luzbell.
A este silencio oficial se suma una injusticia mayor.
El abogado Javier Quiroz denunció que, a pesar de sus méritos, a Sandokan nunca se le reconoció la pensión vitalicia que le corresponde por ley, como sí ocurre con los boxeadores que han representado al país y obtenido títulos mundiales.
“Sandokan ganó cinco títulos mundiales de lucha libre, llevó el nombre de Panamá por todo el continente y sin embargo el Estado le ha dado la espalda. La ley es clara: las glorias deportivas deben recibir una pensión vitalicia, y hasta hoy no se le ha cumplido”, afirmó Quiroz.
El jurista añadió que Pandeportes está en deuda con quienes forjaron historia sobre el ring, y que esta omisión “refleja el abandono sistemático de los deportes que no generan titulares ni contratos millonarios”.
El deporte que rescata jóvenes
Para Sandokan, la lucha libre no es solo un espectáculo, sino una herramienta social que ayuda a rescatar jóvenes en riesgo.
“La lucha saca a los muchachos de la calle, los disciplina, les da autoestima. Es un deporte familiar, donde van padres e hijos. La lucha es un alivio social, pero no tenemos el material ni el espacio para hacer ese trabajo”, subraya.

Mientras las autoridades hablan de “rescatar a los jóvenes”, no respaldan a quienes lo intentan desde la base comunitaria.
“Nos piden que ayudemos, pero nos quitan el ring. Así no se puede”, sentencia el veterano gladiador.
La última caída
En México, Costa Rica y Colombia, los luchadores panameños siguen siendo respetados. Algunos jóvenes formados aquí han sido invitados a competir en esos países.
Pero en su propio país, ni las leyendas ni las nuevas promesas tienen un ring donde subirse.
Mientras tanto, Sandokan continúa entrenando en el gimnasio de Betania, reparando sogas, pintando esquinas y soñando con que el rugido del público vuelva a escucharse.
“Seguimos aquí, luchando aunque sea fuera del ring. La lucha libre no está muerta: lo que está muerto es el apoyo institucional”, concluye Sandokan.


