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Traficantes de armas siguen abasteciendo a Panamá por rutas intactas, advierte experto

Javier Collins Agnew / La Verdad Panamá

Las organizaciones dedicadas al tráfico de armas siguen introduciendo armamento ilícito a Panamá sin mayores obstáculos, utilizando las mismas rutas de siempre y operando con estructuras que, según especialistas, no han sido desmanteladas.

Aunque la Policía Nacional destruyó recientemente 1,923 armas de fuego y más de 90 mil municiones, los expertos señalan que esa cifra refleja decomisos operativos, pero no el flujo real de armas que entra al país.

El abogado Isaac Brawerman, presidente de la Asociación de Propietarios de Armas de Fuego, fue categórico:

“Las rutas están intactas: aire, tierra y mar. Las redes que trafican armas siguen funcionando porque sus estructuras criminales permanecen activas”, afirmó.

Tres rutas vivas… y abiertas

Brawerman detalló que las organizaciones mantienen operativos los mismos corredores de contrabando:

Tierra, desde Costa Rica, a través de pasos utilizados por redes históricas de tráfico.

Mar, moviendo armas junto con cargamentos de droga, aprovechando la logística del narcotráfico.

Aire, ingresando piezas sueltas para ensamblarlas dentro del país.

“Estas rutas no han sido alteradas, y mientras las organizaciones que las manejan sigan intactas, el flujo no se va a detener”, añadió.

Los decomisos no significan que esté entrando más armas

El especialista advirtió que el número de armas destruidas suele crear una percepción equivocada.

“Las armas encontradas pueden ser de vieja data. Representan golpes operativos, no necesariamente un aumento reciente en la entrada de armamento”, explicó.

“No se está golpeando a los traficantes de armas con la misma fuerza que al narcotráfico”

Brawerman fue directo:

“Los controles son efectivos. El problema es la raíz. Las organizaciones traficantes de armas no son desmanteladas al mismo ritmo que las que trafican droga”.

Aseguró que Panamá mantiene una estructura robusta contra el narcotráfico, pero no una equivalente contra el tráfico de armas, lo que permite que estas redes sigan operando sin presión real.

“Mientras no haya esa equiparación institucional, el ingreso ilícito de armas continuará”, sentenció.

Las declaraciones del experto se dan luego de que el ministro de Seguridad, Frank Ábrego, reconociera públicamente la evolución preocupante de la criminalidad en el país, particularmente la fragmentación de pandillas y el aumento de grupos delictivos en zonas críticas.

Durante la destrucción del material bélico, Ábrego explicó que la delincuencia está experimentando una especie de mutación interna:

“Es cierto”, dijo sobre el aumento de pandillas, “pero responde a la separación de bandas originales que se dividen buscando liderazgo”.

Añadió que, por ejemplo, en Colón, lo que antes podía ser una estructura de 15 pandillas, hoy puede haberse multiplicado en más de 40 debido a divisiones internas.

Esa fragmentación, sostuvo, obliga a reforzar operativos en sectores específicos y a mantener reuniones semanales de evaluación para ajustar estrategias.

Ábrego remarcó que la destrucción de armamento forma parte de una política de contención, pero reiteró que el crimen está cambiando: pandillas divididas, estructuras criminales más pequeñas pero más violentas, y comunidades bajo presión.