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Un mes sin Daniel: un detenido con arma, una joven que ‘no recuerda’ y una investigación que camina lentamente 

Javier Collins Agnew  / La Verdad Panamá 
La vida de la familia Barrios se detuvo el 24 de octubre, justo en el momento en que Daniel, un joven tranquilo y querido en su comunidad, salió de casa con la ilusión de seguir conociendo a una muchacha.
Iba con suéter blanco, jeans y zapatillas celestes, convencido de que regresaría. Desde entonces, su espacio en la casa sigue vacío y su teléfono en silencio.
Un día después, el 25 de octubre, su hermana, Emily Barrios, tomó el valor que da la desesperación y presentó la denuncia que abrió la noticia criminal en la Fiscalía Regional de Panamá Oeste.
Desde ese instante, la familia vive atrapada en una mezcla de fe y presentimientos que aprietan el pecho.
La joven que vio a Daniel por última vez declaró el mismo día de la denuncia.
Dijo haberlo conocido el 18 de octubre en casa de su abuela y de su tío, un hombre al que solo identifica como “Gordi”.
También aseguró no recordar su nombre, un olvido demasiado cómodo para los investigadores y demasiado sospechoso para una familia que ya huele desgracia.
El caso tomó un giro más sombrío cuando, días después de la desaparición, “Gordi” cayó detenido por posesión de un arma de fuego encontrada en su residencia.
Desde la celda, mantiene un silencio que duele más que cualquier palabra: no ha dicho qué ocurrió con Daniel ni dónde podría estar su cuerpo.

Ese silencio para la familia pesa como un presagio de homicidio.

La Fiscalía ha realizado diligencias, allanamientos y búsquedas que, hasta ahora, no han dado el golpe de luz que tanto se necesita.
Para empeorar la frustración, la familia denuncia que la carpeta del caso aún no ha sido completamente escaneada ni subida a la plataforma, lo que les impide conocer cada paso del proceso. 
En un caso de vida o muerte, esa falta de orden parece una crueldad adicional.
Casi un mes después, el calendario sigue avanzando, pero la familia de Daniel no.
Viven cada día como si fuera una cuenta regresiva emocional, aferrándose a una esperanza que ya se siente desgastada.
Aun así, exigen claridad, rigor y celeridad: que el Estado no permita que este caso se pierda en el silencio, porque ya un silencio, el de “Gordi”, pesa demasiado.