PortadaReportajes

Crimen macabro: asesinan a una mujer embarazada para extraerle el bebé

Por: Mileyka Valdespino / La Verdad Panamá 

A María Camila Potosí le faltaban pocas semanas para convertirse en madre. Tenía 21 años y aproximadamente ocho meses de embarazo, una etapa en la que su vida estaba marcada por la espera de una bebé que pronto llegaría a su familia. Como cualquier mujer embarazada, tenía por delante una serie de cambios, preparativos y expectativas. Sin embargo, el 16 de julio de 2026 desapareció en Cali, Colombia, y cuatro días después su cuerpo fue encontrado cerca del río Meléndez. Su hija tampoco estaba con ella.

La investigación de la Fiscalía colombiana, revelada  por  diversos  medios  colombianos, sostiene que detrás de su asesinato habría existido un plan para apropiarse de la bebé. Cinco personas fueron capturadas y judicializadas por su presunta participación en el crimen. La principal hipótesis señala a una mujer que habría fingido estar embarazada y que habría utilizado una relación de confianza con María Camila para acercarse a ella. Lo que comenzó aparentemente como una relación entre dos mujeres que compartían una experiencia similar habría terminado, según los investigadores, en uno de los casos criminales más impactantes de los últimos meses.

Engaño, manipulación y ambición

Más allá de las circunstancias del asesinato, el caso obliga a mirar una realidad difícil de comprender: cómo una persona puede llegar a utilizar la confianza de otra para conseguir algo que desea, hasta el punto de convertir a una mujer embarazada en el objetivo de un crimen. La historia de María Camila no solamente habla de muerte, sino también de engaño, manipulación, ambición y de las decisiones que pueden llevar a una persona a cruzar límites que deberían ser fundamentales para cualquier sociedad.

Según la investigación, una de las principales sospechosas habría conocido a María Camila a través de espacios relacionados con mujeres embarazadas. La mujer habría asegurado estar embarazada, aunque posteriormente los investigadores determinaron que se trataba de una mentira. De acuerdo con la Fiscalía, esa situación habría servido para establecer una relación con María Camila y ganar su confianza.

El 16 de julio, la joven salió de su entorno familiar y fue vista movilizándose en una motocicleta junto a esta mujer. En ese momento, no existía aparentemente ninguna razón para que María Camila pensara que estaba en peligro. La persona que la acompañaba era alguien con quien había establecido una relación y en quien, según la investigación, confiaba.

Un   pago  de cuatro millones de  pesos colombianos

La Fiscalía sostiene que María Camila habría sido llevada hasta una vivienda donde se encontraban otras personas. Allí habría ocurrido el ataque que terminó con su vida. Los investigadores atribuyen diferentes funciones a los cinco acusados y sostienen que habría existido una planificación previa. También se ha señalado un supuesto pago de aproximadamente cuatro millones de pesos colombianos.

Estos elementos son importantes porque permiten diferenciar el caso de un crimen impulsivo. Según la hipótesis de los investigadores, habría existido una preparación y una distribución de tareas. Alguien habría construido una mentira para acercarse a la víctima, otras personas habrían colaborado con el plan y posteriormente se habría intentado ocultar lo ocurrido.

La investigación sostiene además que la bebé fue extraída del cuerpo de María Camila mediante una cesárea clandestina y que nació con vida, pero murió posteriormente. El hallazgo de restos de una bebé en una zona boscosa de Cali permitió a las autoridades relacionarlos con el caso y cerrar una de las preguntas que más preocupaban a la familia: dónde estaba la niña.

El aspecto que hace especialmente doloroso este caso es que, según la Fiscalía, María Camila habría sido seleccionada precisamente por estar embarazada. Su maternidad, que debía representar una etapa de ilusión y protección, habría sido utilizada como una vulnerabilidad por quienes presuntamente participaron en el crimen.

Desde una perspectiva criminal, las conductas investigadas muestran elementos como planificación, manipulación, engaño y complicidad. No sería correcto realizar un diagnóstico psicológico de los acusados sin una evaluación profesional, pero sí se puede analizar el comportamiento que aparece en la investigación. La víctima habría sido utilizada como un medio para conseguir un objetivo y su embarazo habría sido visto como una oportunidad para obtener algo que otra persona deseaba.

Esta forma de actuar también plantea preguntas sobre la responsabilidad de quienes participaron. Si el plan fue efectivamente organizado con anterioridad, cada una de las personas involucradas tuvo la posibilidad de decidir si continuaba o se retiraba. La Fiscalía colombiana deberá demostrar qué papel tuvo cada acusado y hasta dónde llegó su responsabilidad, pero la investigación plantea la existencia de una cadena de decisiones que terminó afectando a dos personas que no tuvieron ninguna posibilidad de elegir.

Un crimen igualmente  abominable  sucedió en  Estados  Unidos

El caso colombiano tiene similitudes con otro crimen ocurrido en Estados Unidos. En 2020, Reagan Simmons-Hancock, también de 21 años, tenía aproximadamente 35 semanas de embarazo cuando fue asesinada en Texas. La responsable fue Taylor Parker, una mujer que había fingido durante meses estar embarazada.

Parker conocía a Reagan y, de acuerdo con las pruebas presentadas durante el juicio, la asesinó con el propósito de quedarse con su bebé. Después intentó mantener la mentira de que había dado a luz y fue detenida mientras llevaba a la bebé. Los médicos determinaron que no presentaba signos físicos de haber pasado por un parto. La niña murió posteriormente y Parker fue condenada a muerte en 2022.

Los dos casos no están relacionados y no existe evidencia pública que permita afirmar que uno haya inspirado al otro. Sin embargo, las similitudes son difíciles de ignorar. En ambos casos se trata de mujeres embarazadas de 21 años; en ambos aparece otra mujer que habría construido una mentira alrededor de un supuesto embarazo; ambas víctimas conocían a sus agresoras y, según las investigaciones, los bebés terminaron siendo el objetivo.

La comparación permite entender que, aunque estos crímenes son poco frecuentes, la apropiación de un bebé puede convertirse en un móvil para ejercer una violencia extrema contra la madre. El deseo de tener un hijo, por sí mismo, no representa una conducta criminal. El problema aparece cuando una persona decide que puede conseguirlo pasando por encima de los derechos y la vida de otra.

Hablar de la maldad humana en este caso no significa buscar una explicación sencilla ni etiquetar psicológicamente a los responsables. Significa observar las decisiones que hicieron posible que el crimen ocurriera. Primero habría existido una mentira; después, una relación construida sobre esa mentira; posteriormente, la participación de otras personas y finalmente la violencia. La parte más difícil de entender es que, aparentemente existieron varias oportunidades para detener el plan. Una persona pudo negarse a participar, otra pudo advertir a la víctima y otra pudo alejarse. Sin embargo, las acciones continuaron hasta provocar la muerte de María Camila y de su bebé.

Esa cadena de decisiones muestra una de las dimensiones más preocupantes de la conducta humana: la capacidad de colocar un deseo personal por encima de la vida de otra persona. No se trata solamente de la violencia física que ocurrió al final, sino de la deshumanización que habría permitido que la víctima fuera vista como un medio para conseguir un objetivo. En este tipo de casos, además, existe el riesgo de que la víctima termine desapareciendo detrás del crimen al solo hablar de investigaciones, pruebas y audiencias, pero María Camila era mucho más que el caso que hoy lleva su nombre. Era una joven de 21 años que esperaba convertirse en madre y que tenía una familia que esperaba verla regresar a casa.

Su hija tampoco debería quedar reducida a una evidencia dentro de un expediente. Era una bebé que estaba a punto de comenzar su vida. La familia esperaba conocerla, verla crecer y formar parte de su historia. Todo eso desapareció junto con su madre.

 Los cinco acusados deberán responder ante la justicia y será el proceso judicial el que determine qué ocurrió y cuál fue la responsabilidad de cada uno. Mientras tanto, el caso deja una reflexión que va más allá de las acusaciones: la violencia no siempre comienza con el acto final. Puede comenzar mucho antes, con una mentira, una manipulación o una decisión de ignorar el daño que se está causando.

La historia de María Camila muestra hasta dónde puede llegar esa cadena cuando nadie decide detenerla. Una joven que esperaba a su hija terminó siendo víctima de un crimen que, según la Fiscalía, tuvo como objetivo precisamente aquello que llevaba dentro de su cuerpo. Su familia perdió a dos integrantes y una niña perdió la oportunidad de crecer junto a su madre.