Expresiones

Crisis de Estado y Llamado a la Unidad Nacional

Por Roberto Paniagua P.
El país clama por un gobierno de concordia y de consensos. Los templos de más religiones proponen un conversatorio interreligioso y cívico. Los exponentes religiosos más representativos del país abogan por crear puentes entre los grupos disidentes y los elegidos para gobernar, en un diálogo nacional sincero y franco. Los gremios civiles proponen crear sinergia constructiva entre las clases sociales.
El país pide a gritos y en silencio un nuevo órgano representativo de las voluntades y criterios sociopolíticos de las fuerzas vivas de la sociedad, más allá de las diferencias e intereses corporativos.
Panamá necesita que el Ejecutivo sea capaz de enfrentar con éxito la crisis actual de gobierno y de “ratio” de Estado. Continuar a gobernar reacios a cambios de forma y contenido es fatal frente a la incumbencia foránea en nuestros proyectos nacionales.
La joven nación vive un drama que se perfila como una posible tragedia. La violencia de Estado contra los manifestantes fomenta la anarquía, propugna la ruptura del orden constituido y favorece los designios de dominio de una administración extranjera, neocolonialista.
Estamos al inicio de una ruta crítica de características nunca antes conocidas. Un gobierno que, con o sin razón, es adversado por gremios profesionales, “culpables” de denunciar el sistema transversal de la corrupción sistémica. Leyes lesivas al capital de la CSS; profesionales acusados por solicitar transparencia en acuerdos bilaterales que atentan contra la soberanía y nuestra neutralidad.
Es un Ejecutivo en crisis de credibilidad, a pesar de la declarada buena fe.
Por otro versante, ciertas franjas de la oposición, en el ejercicio del mandato electoral, provocan interrogantes graves en una mayoría silenciosa. El mandatario representa solo al 34 % del electorado. Pesa sobre sus hombros el ingrato deber de enfrentar problemáticas geopolíticas de trascendental importancia para el proyecto estratégico nacional.
Merece nuestra solidaridad crítica y franca. Un Ejecutivo autodenominado “empresarial” carece, por su naturaleza conceptual, de la autoridad y competencia para decidir sobre los designios sociopolíticos, socioeconómicos, geopolíticos y estratégicos de una nación.
Panamá es un subsistema. Comparte simultáneamente elementos de primer y de más mundos; un país sin estamentos aptos para garantizar su independencia. Su propia fragilidad, traducida en neutralidad, es su única fuerza. Desde la óptica de la Realpolitik, respeta los intereses antagónicos comerciales de más bloques hegemónicos y del resto de los países.
Panamá ha sido aliado de los Estados Unidos, no obstante sus intransigencias y hostilidad a lo largo de la era republicana.
Ese enemigo gratuito posee capital humano de primer orden: trabajadores esenciales, híper especializados en inteligencia, el ejército más potente. Centrales de desinformación selectiva organizada; control de los oligopolios de los mass media; analistas económicos, financieros, civiles y militares excelentes.
La actual administración americana ha subvertido sus políticas de Estado y declarado enemistad y ambiciones territoriales a sus aliados históricos. El consorcio de las naciones necesita de nuestra neutralidad.
Nuestro país necesita la colaboración de nuestros nacionales más competentes. Contamos con cerebros de exitosa trayectoria en todas las ramas de las ciencias, con competentes cuadros castrenses de todos los tiempos y clases. Los necesitamos a todos.
La memoria de la sabiduría de nuestros padres de la patria nos sirva de auspicio para una concertación nacional, unidos como un solo hombre en el momento más dramático de nuestra nación.
Ni metrópolis ni satélite, nuestra neutralidad garantiza la soberanía. Basta con la retórica politiquera. Panamá necesita un liderazgo ético de paz social para “alcanzar por fin la victoria en el campo feliz de la unión”.