De La Joyita a la muerte: el prontuario del hombre calcinado en Pedregal
Javier Collins Agnew
La Verdad Panamá
Del infierno salió… y al infierno volvió. Así podría resumirse la historia del hombre hallado calcinado dentro de un vehículo en el sector de Rana de Oro, en Loma del Sapo, corregimiento de Pedregal, cuyo final fue tan violento como su pasado.
Las brasas del auto todavía humeaban cuando las autoridades consideran, extraoficialmente lo que ya corría de boca en boca: el muerto no era un desconocido para la ley.
El Toyota Corolla, reducido a chatarra por las llamas, estaba registrado a nombre de una mujer residente en Don Bosco y Pacora.
Ella misma confirmó a los investigadores que el carro lo usaba su hijastro, un individuo con un extenso prontuario: armas, cárcel, fugas y amistades peligrosas.
El hombre, cuya identidad aún espera confirmación forense, tenía un pasado delictivo de nivel peligroso.
En mayo de 2018, fue aprehendido en Chame con un arsenal dentro de un vehículo.
Apenas cuatro meses después, La Chorrera lo volvió a ver caer, esta vez por porte ilegal de armas.
En 2019, ingresó a La Joyita, donde cumplió 108 meses de prisión.
En marzo de 2023, salió bajo la figura de trabajo comunitario, pero su libertad fue corta y turbulenta.
El 12 de junio de 2025, volvió a figurar en los reportes policiales tras ser capturado en el punto de control de La Siesta, Tocumen, en compañía de alias “Manuelito”, uno de los hombres más buscados por homicidio y robo.
Según una fuente policial, todo apuntaba a que la calle no lo perdonó. Sus antiguos vínculos con la organización criminal conocida como “Mafia Filipina” lo mantenían en el radar de los cuerpos de seguridad.
Y anoche, el radar lo ubicó por última vez y sin vida.
Fuego, miedo y silencio en Pedregal
Vecinos del área relataron que alrededor de las dos de la madrugada escucharon una explosión seca, seguida de una llamarada que iluminó el callejón.
Cuando llegaron los bomberos, el fuego había consumido el carro y su ocupante. Lo que quedó fue un cuerpo irreconocible y una nube densa de humo que olía a gasolina y venganza.
La Fiscalía de Homicidios y Femicidios del Ministerio Público asumió la investigación, mientras el Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses analiza los restos para confirmar oficialmente la identidad del occiso.
Todo indica que el crimen fue un ajuste de cuentas entre bandas.
Un “bicho” con enemigos
“El fuego no fue casual. Es un mensaje”, dijo una fuente policial.
El barrio, acostumbrado a los sobresaltos, esta vez amaneció con el miedo prendido.
Las huellas del crimen quedaron marcadas en el asfalto como cicatrices: un vehículo chamuscado, una vida perdida y una advertencia encendida.
De La Joyita a Pedregal
El recorrido fue corto y predecible. Las calles que un día lo vieron armado y desafiante hoy solo muestran cenizas.
Las autoridades siguen la pista de los posibles responsables, pero en los pasillos policiales nadie duda de que este caso tiene sello de venganza.
El Ministerio Público mantiene bajo reserva las diligencias, mientras el vecindario vive con miedo en el área, tras la muerte del hombre que creyó esquivar la justicia, pero que encontró su sentencia final entre el fuego y la oscuridad.


