Expresiones

El mensaje universal, moral y ético de León XIV

Por Roberto Paniagua P.

En sus dos apariciones sucesivas, a su presentación en la Plaza de San Pedro, León XIV ha ilustrado, sutil aunque explícitamente, la esencia de su pensamiento crítico: social, teológico y geopolítico.

Con voz castiza, pausada y firme, escandiendo los fonemas, Prevost ha recitado un rosario de plegarias, hilando un mensaje angustiado que genera un eco cósmico: la casa común, el planeta Tierra, corre el riesgo de desaparecer.

El pastor agustiniano parece identificar las causas en la indolencia egoísta de los terrícolas y en la irracionalidad de sus gobernantes.

Un axioma que, no obstante la disrupción inmanente de los neurotransmisores, León XIV logra sanar milagrosamente con sublimes frases de fotones espirituales. La certeza del espíritu y su forma mentis matemática lo convencen de poseer la única solución posible a una tragedia irremediable:

La paz, y solo la paz, en cada rincón del mundo. La bona fide en la voluntad de todos los hombres. Paz, amor ágape y justicia social: la ecuación de un mundo equilibrado, liberado de maldiciones.

Los analistas nos invitan a interrogarnos sobre cuánto hemos comprendido. En casi 100 segundos, el predicador culto reiteró de forma compulsiva —cuasi obsesiva, diría algún psicólogo imprudente— la palabra pace (paz). Fueron ocho veces, en diferentes tonalidades; al final… es siempre la misma paz.

Esa es la razón primordial del cúmulo de exigencias vitales en varias regiones: infiernos terrenales en las Rusias, en el Medio Oriente, en la región India-Pakistán. Decenas de escenarios bélicos, áreas donde la sinfonía de los cañones ha silenciado los llantos de la garganta de la Tierra y el gemido de los oídos del viento.

Países en guerras civiles motivadas por la injusticia social. Sed de justicia en nombre de la cual se cometen atrocidades impensables, en sus orígenes. Todas, consecuencias de la irracionalidad de los detentores del poder político y económico: aquellos soberbios que no logran comprender la moraleja de T. di Lampedusa en su Gattopardo: “Para que todo permanezca igual, es necesario que todo cambie.”

El león agustiniano reclama amor hacia los pobres, misericordia con los inmigrantes, tolerancia hacia los diferentes. Respeto por las identidades. “¿Quién soy yo para juzgar?”, dijo Francisco. Dar de comer, de beber y alojamiento al peregrino no son principios exclusivamente hebreos, ni siquiera cristianos. Los encontramos en el Libro Egipcio de los Muertos, donde ya se incluía: “dar una barca al necesitado, porque el Nilo no se podía navegar a pie”.

El papa predicador reivindica la doctrina social de la Iglesia como instrumento necesario para que nuestro mundo no sea solo un valle de lágrimas.

El lector estará de acuerdo en que León XIV interpreta la política vaticana supeditada a los preceptos de su doctrina social.

Quedan pendientes temas controversiales de índole interna, que suscitan preocupaciones lícitas: la inclusión de los diferentes, de los miembros de la comunidad LGBTQ+, de las mujeres en los oficios eclesiásticos. La crisis financiera provocada por negligencias y complicidades en todos los niveles e instancias sigue pesando sobre los hombros del I.O.R Vaticano. La condena efectiva de los abusos permitirá restaurar el respeto que el clero merece; es una de las causas de la crisis de vocación que se registra en Occidente.

Desde la óptica de la cultura laica y sus valores éticos, ¿a qué reflexiones induce el mensaje del heredero del trono de Pedro?

Un interrogante que exige un acto de mea culpa, un cambio radical de actitud y de análisis crítico. El pontífice matemático nos traza el recorrido a seguir utilizando el pensamiento cuántico: implementar en nuestro proyecto social la metodología de la puntualización científica como instrumento para diseñar el cuadro sinóptico de la estrategia administrativa. Trazar la ruta crítica del proyecto social, sin artificios ideológicos ni preciosismos léxicos sofísticos.

Estudiemos los conceptos críticos para investigar las categorías:

El sistema capitalista fue progresista en sus orígenes. Su versión neoliberal es el motivo primario de conflictos sociales. El dinero no tiene alma, pero tiene cerebro. Para subsistir, requiere multiplicarse. El capital es indispensable.

La riqueza social, la plusvalía, la produce el trabajador. Seguridad jurídica y seguridad social son hermanas gemelas. Un pacto social es la garantía del desarrollo sostenido. Educación y salud son presupuestos de una economía sólida. En un escenario comercial y financiero en donde la plusvalía es indirectamente proporcional al capital invertido, se requieren políticas de Estado que favorezcan el bienestar del colectivo en su totalidad. Invitemos al inversionista a proteger el dólar y no el centavo.

La industria bélica debe ser controlada con el desarme total. Hemos permitido el desarrollo de un monstruo letal. La Unión Europea, en este momento, continúa cometiendo el mismo pecado original. Eisenhower, presidente de los EE. UU., nos advirtió el 19 de enero de 1961 —un día antes de entregar el poder al demócrata J. F. Kennedy— que la industria bélica sin control provocaría la catástrofe de la humanidad. León XIV es un profeta de una “paz desarmada y desarmante…”

La inteligencia artificial será de beneficio solo si cumple con las necesidades de la sociedad, y no del capital neoliberal. Giorgio Parisi, Premio Nobel de Física 2021, nos invita a utilizar la tecnología con actitud crítica activa. Su uso pasivo es sentencia a tragedias inimaginables. Estamos creando monstruos autónomos, sin ser capaces de administrarnos a nosotros mismos. León XIV ha hecho hincapié en este tema.

¿Qué conclusiones podemos rescatar los panameños?

Que las ideologías son anacrónicas en nuestra realidad nacional. Que los partidos políticos han fracasado en sus objetivos. Estamos en una crisis de Estado, no de gobierno. Necesitamos un gobierno de todos y para todos los panameños, no una administración pública dirigida solo por empresarios. Es menester que nos escuchemos. El presidente es el presidente de todos los ciudadanos. Un pacto social es real cuando proviene de un diálogo constructivo entre las partes. Ignorar el conflicto social equivale a auspiciar soluciones antidemocráticas. A falta de un diálogo sensato entre gobernantes y gobernados, se impone como última opción pacífica la desobediencia civil y un cabildo abierto. Que Dios nos libre de que el pueblo se vea obligado a recurrir a esta variante, cuyas consecuencias serían desconocidas y, en cualquier caso, dolorosas.

La violencia genera violencia. La violencia de Estado provoca inestabilidad y anarquía. El caos favorece al enemigo foráneo. Hacer patria es buscar la paz, el consenso de las mayorías; saber escuchar y dialogar con humildad. La verdad no le pertenece a nadie. El conocimiento es un patrimonio universal y debe ser compartido.

La paz es sinónimo de libertad. Se conquista. No se impone ni se sienta sobre las bayonetas.

El pueblo no soporta la soberbia. Los panameños de todos los credos agradecemos al arzobispado el seguir la herencia moral del papado de Francisco.

León XIV no teme a los gobernantes injustos. La Iglesia de Pedro y de Pablo, y las autoridades religiosas de todas las creencias, nos invitan a un diálogo ciudadano sincero.

La sociedad laica pregona la necesidad de preservar la paz. La paz es sinónimo de justicia social. Sin justicia social, los países continuarán en guerra. Un gobernante soberbio es fautor de antagonismos y enemigo de la paz mundial.

Seamos explícitos, porque dentro de la aproximación se esconde la mediocridad, la cual, por su propia naturaleza, no es fautora ni de libertad, ni de justicia, ni de paz.

Demos el ejemplo, en el nombre del Dios de Spinoza y/o de un Dios único, prescindiendo de los credos.

Panamá aprende de las palabras de León XIV. Su pueblo rechaza tropas e intervención extranjera en su territorio soberano.

La neutralidad del Canal de Panamá garantiza la paz a lo ancho y largo de sus fronteras y así contribuye a la paz mundial. Nuestra fuerza geoestratégica radica en nuestra posición geográfica y en su neutralidad.

Es a esa paz a la cual se refiere el pontífice amigo, americano-peruano.

El pueblo panameño dicta cátedra sobre cómo defender la paz al resto de las naciones del mundo.

Panamá es sinónimo de paz.
Amén.