Metí 15 años preso me dijo un “bien cuida´o que no cuidó ni lavó el carro

Edmundo Dante Dolphy /  La Verdad Panamá

Buscando estacionamiento en la avenida México para atender un compromiso,  me encuentro con un sujeto que forma parte de la cultura popular de nuestro país, un “bien cuida´o”  que con las señas  particulares de su “oficio” me guía   dizque para  poder estacionarme bien cuando ya lo había hecho.

El ciudadano de mediana estatura, de piel trigueña, con una cicatriz  que le surcaba de la sien hasta el pómulo izquierdo, se acerca  mientras me bajo del auto y me  dice -qué pasó viejito le cuido el carro, le doy una limpiadita y me ayuda- le respondo que está bien  que el único problema era que no tenía sencillo a lo que riposta  indicando que más adelante había una tiendita.

Antes,  revela que enfrenta dos multas de mil dólares cada una por estar cuidando carros, las que está  pagando de cinco en cinco porque “no quiero tener problemas con el gobierno”.

En el camino a la tiendita Joel  me confiesa que estuvo 15 años preso por robo y homicidio en La Joyita  en el año 2008. “Me  fugué  en el 2014 y pasé tres años en la calle  hasta que me pillaron  y salí  en el 2018”. Por  dentro me dije, Dios santo, con quien estoy caminando y a quién le voy a dejar mi carro.

En la tienda Joel, quien perdió un dedo del pie derecho producto de  un disparo que le propinó un guardia en el pabellón 14 de La  Joyita durante una reyerta, camina hacia una de las neveras y saca una bebida azucarada sabor melocotón  y toma unas galletas de chocolate. La china observa algo estresada por la facha del individuo que ingresó a su local, sin embargo no pasó nada. Al salir del mini súper le digo a Joel -toma estos cuatro dólares para que cuides el auto y lo laves con agua limpia- me responde que es una orden jefe; voy por el agua.

Cuando me alejo diviso a Joel hablando con otro “bien cuida´o  casi indigente y lo menos que esperaba era verlo haciendo el intento de  buscar algún cubo con agua… eso no sucedió. Cuando regresé no lo divisé  por ningún lado. Joel se fue con los cuatro dólares y me quedé con el carro sucio.

Lo más seguro es que este muchacho sucumba a la tentación  del crimen para regresar a una  oscura y húmeda celda de la que  tiene sobrada experiencia ya que no tiene otro camino. Sin trabajo y con dos hijos, las calles se  convierten en su mejor aliado, en su techo, en su cama y quizás en la antesala de su muerte.

En las calles de Panamá hay muchos Joel con igual o mayor  nivel de peligrosidad con los que mujeres indefensas deben lidiar  día a día exponiéndose a situaciones inimaginables. Esta es una deuda social pendiente…

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