“No es el escudo mágico”: defensora de los derechos de la mujer cuestiona alcances del registro público de ofensores sexuales
Javier Collins Agnew / La Verdad Panamá
La apertura al público del listado de ofensores sexuales continúa generando reacciones, y esta vez la voz que se suma es la de la ingeniera Itzel Torres, defensora de los derechos de la mujer, quien advirtió que la medida aunque histórica, no debe presentarse como una garantía real de protección.
Torres recordó que los movimientos de mujeres llevan más de dos décadas impulsando la creación de este registro, pero enfatizó que su efectividad dependerá del manejo responsable de la información y del tipo de agresores que aparezcan.
“No es una ley que proteja directamente a las mujeres ni un mecanismo de vergüenza o venganza. Es una herramienta que podría ayudar, pero todo depende de cómo se aplique”, afirmó.
Un registro que no ataca el origen del problema
La activista insistió en que la mayoría de los agresores sexuales provienen del propio entorno familiar, parejas, padres, padrastros y que el registro público no cambia esa realidad.
“No significa que ya no me van a agredir porque los otros siguen sueltos. Las estadísticas no bajan a pesar de que promovemos que la mujer hable y denuncie.”
Retroactividad: una discusión abierta
Sobre la inclusión de condenados antes de la ley, Torres calificó el debate como complejo.
“Depende si se mira desde la víctima o desde el victimario. Si ya cumplió su pena, hay que evaluar qué tan justo es aplicarle nuevas consecuencias», destacó.
Riesgos sociales y laborales
La defensora alertó sobre efectos colaterales para las familias sobre todo mujeres de quienes aparezcan en el registro, y subrayó que la norma puede generar una sensación de seguridad que no necesariamente se traduce en prevención.
Aun así, reconoció que el listado facilitará controles laborales en escuelas, guarderías y otros espacios sensibles.
“Eso sí es positivo: se podrá verificar si alguien fue condenado por delitos graves. Pero eso no evita nuevos abusos.”
Una herramienta útil pero limitada
Torres evitó clasificar la ley como buena o mala y subrayó su postura: necesaria, pero insuficiente.
“Hay que mirarla con lupa. No da la seguridad que muchos creen. Es una herramienta, no el fin del problema.”
También reiteró su llamado a endurecer las penas para los agresores sexuales, advirtiendo que las consecuencias actuales no generan suficiente disuasión.


