No por vista, sino por Fe.
Por José Dídimo Escobar Samaniego
La mayoría de los panameños, apostamos a la esperanza de un cambio radical de nuestra actual condición de debilidad de todas las instituciones y por la recuperación de los bienes extraviados deliberadamente por quienes debieron cuidarlos y acrecentarlos.
La mayoría de nuestros ciudadanos, desea que nuestro maltrecho sistema judicial, se yerga y asuma el desafío histórico de judicializar en forma responsable los atentados contra el patrimonio público y cuyos responsables, no sólo devuelvan lo atracado, sino que paguen en condiciones de iguales a los demás delincuentes comunes, las respectivas penas que dispensa la ley penal panameña por sus actos dolosos, antijurídicos y culpables.
Es más, conforme los fundamentos de nuestro derecho patrio, quienes han causado un daño, tienen el deber jurídico de repararlo. Esa reparación implica, no sólo la devolución de lo retenido indebidamente, sino la indemnización a la sociedad, por el lucro cesante y el daño moral vasto que se le infligió y se le sigue infligiendo.
Cuando vemos el panorama nacional, es como ver cuando un río se sale violentamente de su cauce y causa destrozos, arrollando lo que esté a su paso, y luego de vueltas las aguas a su cauce natural, queda todo enlodado y sepultado mucho, cuando no arrancado de raíz la foresta y desbarrancadas las orillas de un lado y enriquecidas por accesión provocadas, otras.
Pretendemos por caminos correctos y edificantes lograr recuperar la esperanza, sin ser ingenuos respecto a que quienes aprendieron a hacer política sólo de un modo soez y grosero desde el clientelismo, no harán otra cosa, sino lo que saben hacer y que, además, lo presumen como algo legítimo, llegando a justificar la compra de conciencias, como si la gente fueran mercancías o cosas. La corrupción los penetró hasta la médula, y la justifican como algo natural y hasta encomiable. Se valen del estado de necesidad de muchos que; abandonados por el Estado, vienen a ser presa fácil de su crueldad.
En estos días apareció por ejemplo, en el Capurí de Los Pozos en Herrera, una modesta parada con un letrero que decía que costaba casi 30 mil balboas, después el Ministerio de Economía aclaró que era el valor de 7 paradas, pero al día de hoy, quitaron el letrero y no se conocen las otras 6 paradas dónde se han construido, que por lo pronto se han extraviado. No se puede seguir succionando los bienes públicos a nombre de la generosidad con los pobres de la patria.
Hoy, hay gente que insiste con el más alto cretinismo en forjar acuerdos y alianzas oscuras con los autores de esos “deslices”, solo para apropiarse de un poder legislativo desprestigiado y enfermo, divorciado y a espaldas del interés de la nación. Hay que recordar ese viejo adagio popular que dice que: “es mejor andar solo, que mal acompañado”
Es verdad que un eventual aumento de los impuestos al valor de nuestras casas es importante rechazarlo, sobre todo, si no se juzgan a los responsables del latrocinio y la corrupción que diluye un inmenso valor de nuestra riqueza y patrimonio, pero por ello salimos a la calle presurosos, pero por la corrupción generalizada que es la autora del principal atraco, no lo hacemos de la misma manera, como si se tratara de algo lejano que no toca también a nuestros bolsillos y más aún, a lo profundo de nuestra existencia decorosa y digna.
Muchos han perdido la esperanza en la recuperación y la restauración, pero al igual que ustedes, yo me aferro a mi fe, es decir, a una certeza de lo que esperamos y una convicción, aunque aún no veamos nada por ahora, de que algo grande y bueno ocurrirá, en el país y en el mundo.
Elevemos un clamor a Dios para que nos mire con ojos de misericordia y nos permita pasar esta tribulación con éxito, porque por Fe, tenemos la esperanza de abrir los ojos a días de dignidad, respeto y decencia.
Aunque veamos todo sumido en la oscuridad, sabemos que nunca la noche se pone más oscura, sino justo antes de amanecer. Debemos vivir no por vista, sino por Fe, porque sabemos también que; sin Fe es imposible agradar a Dios, y Él es el único que hace milagros, ese que necesitamos.
¡Así de sencilla es la cosa!


