Panamá tiene arroz hasta octubre pero el productor enfrenta caída de precios, plagas y altos costos
Javier Collins Agnew
La Verdad Panamá
Panamá no enfrenta hoy una escasez de arroz, pero sí una crisis silenciosa en el campo que amenaza la estabilidad futura del principal alimento de la mesa nacional.
Así lo confirman los productores y las cifras oficiales del Ministerio de Desarrollo Agropecuario (MIDA), que muestran abastecimiento suficiente, pero un negocio cada vez menos rentable.
De acuerdo con el Análisis de Abastecimiento de Arroz de la Cadena Agroalimentaria, fechado el 30 de enero de 2026, el país dispone de una estimación total de 6,359,041 quintales de arroz limpio y seco, suficiente para cubrir 8.84 meses de consumo, es decir, hasta el 8 de octubre de 2026.
El informe parte de un inventario inicial nacional de 5,230,095 quintales, menos la merma del 3%, lo que deja una disponibilidad base de 5,073,192 quintales, a la que se suman contingentes de importación y arroz pendiente por cosechar.
Inventarios, contingentes y cosecha en la ecuación
El documento del MIDA detalla que los contingentes de arroz bajo acuerdos comerciales aportan 911,837 quintales adicionales, luego de aplicar mermas, mientras que el arroz por cosechar del ciclo agrícola 2025-2026 suma otros 374,011 quintales.
Con esta combinación, inventarios, contingentes OMC y TPC, más producción local, Panamá logra una cobertura sólida frente al consumo mensual promedio de 719,399 quintales.
En términos simples: arroz hay. El problema no está en la despensa, sino en la finca
“No habrá desabastecimiento”, pero sí pérdidas
Gabriel Araúz, productor de arroz, explicó que tras la reunión del Comité de la Cadena Agroalimentaria se despejó el fantasma inmediato de la escasez.
“Existe arroz en el país hasta el 8 de octubre. Con los inventarios en molinos, supermercados, el arroz por cosechar y las importaciones obligatorias, no debe haber desabastecimiento”, sostuvo.
Las cosechas nacionales, recordó, empiezan en julio, se intensifican en agosto y septiembre, y se fortalecen en octubre, permitiendo sostener el mercado interno.
El negocio dejó de ser negocio
La tranquilidad del abastecimiento contrasta con la angustia del productor. Araúz reconoce que el sector atraviesa uno de sus momentos más difíciles por factores climáticos, enfermedades y la eliminación de compensaciones estatales.
“El negocio del arroz no es rentable. Los costos versus la producción llevan a pérdidas”, advirtió.
Este año los costos superan los 2,500 balboas por hectárea, mientras los rendimientos bajaron de los 90 quintales, y el precio cayó de más de 30 balboas a un promedio cercano a 25 balboas por quintal.
Uno de los puntos más sensibles es la distorsión de la cadena. Según Araúz, aunque al productor se le bajó el precio, el consumidor terminó pagando el arroz más caro.
“Se levantó la regulación y la compensación, el productor percibió menos, pero el consumidor pagó más”, explicó.
La ecuación dejó de beneficiar a ambos extremos: el agricultor pierde margen y el comprador siente el golpe en el bolsillo.
Si no se siembra, vienen más importaciones
Araúz advierte que el verdadero riesgo está en la próxima siembra. Si los productores no pueden cubrir costos, simplemente dejarán de sembrar.
“Si no se siembran las cantidades que necesita el país, entraremos en mayores importaciones, y no podemos asegurar que eso no tenga consecuencias para el consumidor”, alertó.
En un mercado internacional inestable, depender del exterior es jugar arroz a la ruleta.
Spiegel: Panamá no está en crisis de arroz
Omar Spiegel, también productor, coincide en que no hay problema de abastecimiento.
“La última década ha estado sobre abastecida de arroz nacional. Hay suficiente para cubrir la demanda sin importar un solo grano”, afirmó.
Pero aclaró que la verdadera preocupación es la comercialización y el precio.
“¿Cómo vas a sembrar si pierdes dinero?”
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Spiegel fue directo: “El sector productivo tiene grandes retos. ¿Cómo vas a sembrar si sabes que puedes perder dinero?”.
Muchos productores, explicó, vendieron por debajo del costo este año, golpeados además por plagas bacterianas y hongos que redujeron los rendimientos y obligaron a mayores inversiones.
Dos incógnitas para 2026
Para el productor, el 2026 viene con dos grandes preguntas: si regresarán las plagas y a qué precio se venderá el arroz ahora que no existe regulación.
“Hay presión en toda la cadena. Alguien tiene que absorber la ganancia o la pérdida”, sostuvo Spiegel.
El reclamo: semillas nuevas
Uno de los pedidos más firmes del sector es permitir la importación de nuevas semillas. Spiegel señala que las variedades nacionales no están resistiendo los cambios climáticos.
“Se importa de todo, menos semillas de arroz de alto rendimiento. No tiene lógica”, cuestionó.
Más producción por hectárea, más oxígeno
El objetivo, explica, no es solo sembrar más, sino producir mejor.
“Un agricultor que obtiene más por hectárea tiene margen aun cuando el precio baja. Eso le da esperanza al productor y estabilidad al país”, señaló.
Abastecimiento hoy, incertidumbre mañana
Las cifras del MIDA son claras: Panamá tiene arroz suficiente hasta octubre. Pero los productores también son claros: sin rentabilidad no hay siembra.
Hoy el país come tranquilo, pero el sistema que garantiza ese plato diario se sostiene sobre un campo cansado, endeudado y con menos incentivos.
En síntesis, la escasez no está en los silos, sino en el ánimo del productor. Panamá tiene arroz, pero necesita que alguien quiera seguir sembrándolo.


